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Mensaje por Alistear el Vie Feb 08, 2013 3:00 pm

A ir a Acampar! [Priv.Gilbert]

Era extraño que madrugara, sobre todo sin tener trabajo hoy.Aproveche la madrugada para arreglar ciertas cosas , no tenía mucho que hacer, nada más que pasar en casa de ocioso comiendo pasteles mientras miraba el tejado y hablando con Nintsu, pero no quería desperdiciar el día así, quizá, una salida no estaría mal.Primero en lo primero, me dispuse a tomar una ducha de agua helada para despertar bien, y desayunar como todo un rey para que en el día no me agotara demasiado.
Mi ' gran idea ' era ir a acampar ¿por qué no?, después de todo la cúpula era lo bastante grande, y habían diversos lugares, me tome la libertad de arreglar las cosas para ir a acampar, una carpa, sacos, linternas, comida, dulces, pasteles... dulces, agua, lo que uno necesitaba como para ir a acampar, y.. Repelente de insectos, mucho repelente de insectos, que al tener un ph dulce era como tarta para los mosquitos y después amanecería todo enrronchado por ellos seguramente morirían de diabetes al picarme, al menos eso era gratificante.

Hice los últimos arreglos, lo suficiente para mi y para mi ' compañero '. ¿Acaso iba a ir solo con Nintsu? Na'; que fastidio ir solo, mi idea era llevar a mi joven ' sirviente' como sea conmigo, después de todo, ya bastante tenía con la soledad en casa.Meh, seguramente Gilbert no se molestaría, o, aunque lo hiciese me seguiría como buen perro (?), bien, como buen chico que es~ si no~.. Recibiría un~ castigo.. si, castigo...

Salí de casa con los bolsos,me encontraba exactamente por el bosque, cerca de aquel lago; con una plena sonrisa, comiendo un caramelo, aun no sabía donde vivía Gilbert, pero eso no sería un problema, claro, si tienes magia...
Primero en lo primero saqué una pócima de mi chaqueta, la cual, dejaba mostrar los aromas de las personas; mire a los lados, buscando algún punto clave, después de pasarme unos minutos buscando algún lugar conocido, tire aquel liquido por el aire, de inmediato, un tipo de ' aire ' de colores apareció, eran distintos aromas, de distintos tamaños.
Perdí casi media hora buscando el olor de Gilbert, me costó encontrar ese suave olor a cigarrillo, pero al fin lo había encontrado.
Seguí aquel rastro un buen rato, ya daban las 8 de la mañana, quizá era impertinente despertarlo, pero.. se debía de subir la montaña temprano para al menos tener un poco mas de luz solar para tender la carpa y esas cosas.
Al llegar a la casa de el, espíe por las ventanas, buscando la habitación de él, hasta que logre encontrarla, no veía muy claro, más, me di las ideas de darle un susto matutino; saqué mi sombrero de copa , y me metí dentro de él, como es de mi costumbre aparecer bajo las camas o dentro de los muebles de las casas.Deje las cosas afuera, no creí que caerían con facilidad así, solo entre yo y Nintsu, aparecí bajo la cama de él.Con cuidado salí, para no despertarle, quería darle un buen susto.

Al salir, pude ver que aun dormía, valla vago, reí suavemente, pero casi en murmullo, para no ser sorprendido, saqué del mismo gorro mágico un peluche de gato, subí a la cama , sobre él, pero no recargándome, no, , me apoyaba en la cama, pero estando sobre el, con cuidado,pokie las mejillas de él, repetidas veces, poniendo en su pecho aquel peluche de gato, era gris, con rayitas negras, creo que aquella raza se llamaba pardo, ni idea, no sabía de gatos..


- Gil~ Gil~.. Despierta dormilón! -





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Mensaje por Gilbert Nightray el Lun Feb 11, 2013 4:41 pm

Re: A ir a Acampar! [Priv.Gilbert]

Mi primera reacción estando aún dormido fue balbucear algo ininteligible, es decir, de forma indescifrable, pese a basarse en, básicamente, decir que estaba durmiendo y que no tenía trabajo que hacer. Vamos, algo bastante obvio y que se podía suponer a simple vista.

Una explicación más profunda de mi adormecido murmuro sería que como costumbre cuando era más pequeño solía vivir en casa de mi o mis amo o amos y me despertaban ellos o me decían la hora a la que debía estar despierto el día anterior o me lo pedían directamente como rutina. Habían días en los que no era necesario ya que ni tenía tiempo para dormir. La vida de sirviente a veces se me dificultaba, pero tenía sus ventajas y con eso me bastaba. Había sido criado para obedecer, sin acostumbrarme a ser libre, por lo que no conocía otra vida y esa ya me parecía bien. La educación interfiere mucho en la vida de una persona y, en consecuencia, a su forma de ser, normalmente ya de forma permanente, es decir, para siempre, ya que desde ahí es bastante difícil de cambiar. Es lo que tienen los seres, tanto humanos como otros animales y extraños seres vivos, incluso ángeles, demonios y quién sabe si mutantes y demás razas desconocidas; la enseñanza mayor se les da a temprana edad, ya que más tarde se dificulta cualquier intento posible de moldeamiento.

Volviendo al momento en el que me desperté, como se puede suponer estaba durmiendo profundamente, pese a no haber hecho gran cosa productiva el día anterior. Me había entretenido hasta tarde el día anterior con un interesante libro sobre ciencia general por lo que acabé yéndome a dormir relativamente tarde, y claro, eso se notó por mi sueño aparentemente eterno, pese a no ser así exactamente, como se puede suponer.

Una conocida voz pidió que me despertara. Eso me hizo caer en cuenta de que estaba dormido. Suena absurdo, lo sé, pero suele pasar cuando se está en los brazos de Morfeo, que se pierde el sentido del tiempo y ni se sabe el estado en el que se está. Parece raro, pero es así para todos. O casi todos... Siempre estará la excepción que confirme la regla, sea donde sea, y sino será la excepción para dicha norma.

Ni el contacto ajeno ni el movimiento lograron despertarme en un principio, como tampoco las palabras que lo pedían. Poco después abrí los ojos, sin prisa, y bostecé tranquilamente. Tranquilamente hasta que me percaté de que un gato, o eso creía que era al menos, había entrado de algún modo a mi casa, por lo que de un salto terminé cayendo por el lado opuesto al que se encontraba el animal al cual le tenía fobia, que poco después catalogué como falso ya que resultó ser un peluche. Alguien me había querido gastar una broma. Alguien conocido, ya que no se saben los miedos ajenos con el simple hecho de ver a alguien; el físico no define eso. El primero que me vino a la cabeza fue mi amo Alistear, pero dudé de ello ya que él desconocía mi dirección. Por otra parte, era un ser bromista y además caí en cuenta de que la voz oída anteriormente por mí coincidía con la suya. ¿Me había pedido él que despertara, para asustarme así, o estaba paranoico y en realidad lo había soñado? ¿Y si estaba soñando aún? Suspiré y me levanté del suelo.

- ¿Amo? - Pregunté mirando a los lados, ya sin miedo hacia el felino al saber que se trataba sólo de un muñeco. Mi miedo a los gatos surgió por dos seres vivos de ese tipo que dificultaron mi estancia como sirviente en cierta casa y eran utilizados a veces para obligarme a trabajar. Dichosos gatos, incluso ellos eran superiores a mí... De ahí debió salir mi complejo de inferioridad y, en consecuencia, aumentar mi notable modestia.

Lo peor de todo esto era que si había sido Stear no podía quejarme y a saber a lo que venía y, si no... ¿Quién era? No sabía qué posibilidad era peor. Creo que la segunda inspira menos confianza y a su vez cierto temor.
Gilbert Nightray
Mensaje por Alistear el Mar Feb 26, 2013 10:40 am

Re: A ir a Acampar! [Priv.Gilbert]

Llevó algo de tiempo que Gilbert despertara, me quede ahí , esperando la reacción de el al ver aquel minino de felpa el cual era inofensivo, nada mas te podía dar algo de alergia, ya que los peluches suelen acumular demasiado polvo en sus telas, y eso conlleva a los resfriados de los alergicos al polvo y blah blah blah.
Al ver que había despertado, y su reacción, me hice a un lado, quedando arrodillado en la cama del pelinegro, a principios me desaté en una risa de burla, pero a la vez con inocencia , me gustaba asustar, era gratificante hacer un buen trabajo en ello; pero también sabía que era de mal gusto, sobre todo si alguien se encuentra soñando, cómodo, en su cama... recuerdo que siempre me habían dicho que lo que mas tienes que cuidar en tu vida, es tu cama.. ¿ Por qué? ... Fácil... en la cama es donde tus huesos descansan, donde duermes... por eso siempre había que cuidarla, y dejarla tendida por las mañanas; claramente eso se lo decían a los críos, más yo no le prestaba demasiada atención a aquello, no; para eso la gran casa en donde yo vivía habían sirvientes, momento... Yo también era uno de ellos, a diferencia que era un maldito consentido de mi ama , aquella mujer hermosa de cabellos claros y ojos profundos, y de su querida hija que era su mismísimo reflejo , a diferencia que ella era mas joven e inmadura.
Aquello de el sirviente tuviese sirvientes era.. quizá un desperdició de personal y dinero, mas.. no recibía paga alguna en dinero, solo, trabajaba con condiciones de ellos, simple.. Lo de que fuese un vago en aquel tiempo, hizo que me volviese a veces inútil, sabía tender camas, hacer de todo, pero no me nacía hacerlo, de eso se encargaban a los demás
Era un sentimiento algo frustrante, pero a la vez placentero, no hacía quehaceres, solo.. comía, y acompañaba a mi joven damisela en esos tiempos, nada mas.. era una perfecta vida.. hasta que ciertas cosas hicieron que la perdiese pero.. no me arrepentía de nada...

Cuando noté que él estaba en el suelo del susto, seguí riendo, solo que cambio a un tono suave y casi sin aliento..Gatee hasta la orilla de la cama, y me senté en esta, dejando lógicamente los pies fuera de la cama.Podría ser un vago inútil a veces, pero sabía lo que costaba lavar mantas cuando se manchaban feo, sobre todo si era tierra, comida, cosas así, crucé una pierna sobre la otra, en la de arriba apoyé con el codo mi brazo izquierdo, y recargué mi mentón en mi mano, que estaba cubierto con aquellas mangas largas.. Sonreí con levedad y empalagoso como era de costumbre


- Eing.. Buen día Gilbert...- Quién hablo primero fue mi querida muñeca, que siempre estaba en mi hombro, normalmente guardaba silencio, mas ahora se había dignado a saludar, sin antes, soltar una suave risa..
- Joh~ por un momento creí que estabas ya despierto~... ¿Has dormido bien?.... Espero que sí, hoy será.. un día largo~

Hablé con tranquilidad, parpadeando lentamente; respire suavemente, recobrando la ' tranquilidad ' de la respiración; si, eso solía pasarme, cuando uno se ríe demasiado suele agitarse, y si no se detiene puede comenzar a tocer cuan enfermo, ahogado hasta por su propia saliva cuando se secaba la garganta; lo otro que podía pasar era un dolor en el estomago, pero eso era cuando ya la risa era casi incontrolable y hasta ya desbordaban los ojos lágrimas de tanto reír...
Para evitar una de esas cosas, saqué un caramelo con mi mano derecha, a la par, comencé a quitarle el envoltorio, para finalmente comerlo , apreciaba los dulces, y la mayoría de las veces dejaba que ellos se desasiesen en mi boca en vez de tronarlos con los dientes, a pesar de que eso era casi siempre así, llegaba a ser desagradable cuando el caramelo te quedaba dentro de los dientes..


-Vamos! Hombre.. no podemos perder el tiempo, levántate y alístate, nos vamos a acampar~-





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Mensaje por Gilbert Nightray el Miér Mar 20, 2013 2:57 pm

Re: A ir a Acampar! [Priv.Gilbert]

Detestaba que se burlaran y rieran de mí, aunque ya estaba bastante acostumbrado a ello. Me desagradaban otras cosas también, pero en presencia del amo hay que fingir que no y aparentar estar de acuerdo con él, o ella en caso de ser ama, pese a no ser así, y tal vez ser incluso lo contrario, el pensamiento personal. ¿Falsedad? No lo creo. Frente a un superior todo está mal, se haga lo que se haga, así que de todos modos sólo se podía empeorar la situación, y no lo digo por decir, pues las experiencias cambian muchas cosas. Nunca está de más algún ejemplo real, así que explicaré de dónde aprendí esto, pese a que haya recuerdos que no conservo, hasta los primeros cinco o tal vez diez años de mi vida.

Hubo una situación que se me repitió varias veces, y las consecuencias de no decir que sí a todo y fingir saberlo no fueron precisamente agradables. Eso sí, al menos eran variadas. Además, con ello aprendí varias cosas. No de la mejor manera, no de la forma más rápida, siendo inútil al principio y poco eficaz tras un tiempo de ello, pero acabé aprendiendo por mí mismo, ahorrándome varias explicaciones. Que sí, que me hubiera ahorrado un mes de intentos fallidos y regaños por una simple explicación de diez o veinte minutos como mucho, pero así eran mis amos en aquel entonces. Y lo digo en plural porque los más duros en cuanto a eso, y con los castigos, fueron los primeros que creo recordar haber tenido. Fueron más crueles, pero también más educativos, aunque dudo de según qué cosas que me hicieron hacer. Lo de saber vestirse de sirvienta es útil con mi actual amo...

Y para quien se pregunte porqué era tan terco entonces y parecía incluso necesitar tener al menos un amo para sobrevivir, le respondo con que era el único modo de vida que conocía y que además la toma de decisiones no era lo mío, así que eso me beneficiaba mucho en ahorrármelo.

Afirmó creer que estaba despierto. ¿Qué clase de persona en su sano juicio se cuela en una casa ajena, ve al propietario en su cama, inmóvil, se acerca con lo que sabe que le asusta, y...? Olvidaba que cada amo que tenía parecía ser más irracional. Y este era el tercero, según recordaba, contando el matrimonio como una sola servidumbre por mi parte, así que ya se puede suponer la lógica que usaba él.

Asentí. Me pasara lo que me pasara le diría que estaba bien, aunque me estuviera muriendo prácticamente, excepto si algo o alguien me impedía responder de esa manera, así que, ¿por qué no decir que había dormido estupendamente?

Me cubrí la boca con una mano para ocultar un bostezo mientras apoyaba la otra para levantarme, por tal de disimular mi aún presente sueño. Estaba algo cansado, pero también acostumbrado a ello así que tarde o temprano se me acabaría pasando. Había pasado noches enteras en vela para efectuar según qué trabajos, así que un día con el infantil de Alistear.

En un primer momento pensé que había oído mal las palabras del mayor, pero enseguida me di cuenta de que no era así. Pretendía acampar. Probablemente quería que fuera con él para no tener que ir solo o con la irritable de Nintsu, o no, pero fuera como fuera debiera obedecer y acompañarle. Bostecé de nuevo, sin intentar disimularlo siquiera esta vez, y asentí con la cabeza como lo había hecho antes, dando a entender que lo había entendido.

Como si estuviera solo en casa, como habitualmente, me dirigí al armario en el que guardaba mi ropa y saqué una muda cualquiera de éste. Me di media vuelta y miré albino con, como se puede suponer, una expresión somnolienta.

- ¿Es necesario que estés presente mientras me cambio? - Me digné a preguntar, dispuesto a ignorar su presencia para eso pero no por gusto, sino por obediencia y servidumbre. Si quería mantenerse allí era decisión suya, no podía quejarme, pero al menos mínimamente sí que podía expresarme, aunque pudiera no ser tomado en cuenta.
Gilbert Nightray
Mensaje por Alistear el Vie Abr 19, 2013 9:26 am

Re: A ir a Acampar! [Priv.Gilbert]

Quede unos minutos esperando las respuestas del joven Gilbert; después de todos, recién estaba despertando de sus sueños, y hasta yo consideraba molesta la idea de que alguien te despertase y te apurase al momento de abrir los ojos.
Recordaba las veces que me levantaba temprano por las mañanas para seguir a la dulce doncella que antes poseía, mi pseudo hermana menor, que antes era mi sol en el díua; sí, lo era, después de años estando en compañía con gente tan agradable, deja un gran vacío dentro del pecho, el no sentir aquella aniñada risa matutina, y esos caprichos de mujer de ' Quiero pastel de Fresas' . ' Me veo gorda con este vestido?' 'He dicho que No!' ; entre otras cosas que te hacían enternecer cada vez que lo hacían mas infantil y sin sentido, o los agradables paseos por los jardines, las salidas a las grandes casas de ducados,las fiestas nocturnas que duraban por horas, juntos a los interminables bailes junto a cada señorita que se pasease, o se ofreciese para danzar una de las hermosas piezas de las orquestas, sobre todos de los pianistas que tocaban sus pocas composiciones, o las clásicas de Bethoven, Mozart, cabe destacar que la que mas me agradaba escucharla, bailarla, era Greensleeves, una hermosa pieza acompañada por flautas dulces, uno que otro sonido del violín y de un gran arpa dorada, el perfecto panorama nostálgico que haría cualquiera tener flashback de lo que mas extrañaba, lo que mas anhelaba volver a ver ; desde aquel incidente fuera de la cúpula, no podía volver a mis ' horarios' de sueño; como había dicho, despertaba temprano por las mañanas, y dormía temprano a eso de las 8, a no ser que tuviese que atender a fiestas con la familia o solicitasen de mi ayuda; en este entonces, solía desvelarme en mis pociones, en mis estudios de hechicería, todo lo que conlleva ser un solitario mago, que hoy en día estaba volviendo asentir las mismas emociones con la gente que había conocido al llegar como profesor a la academia; en eso, me levantaba tarde, a la hora del almuerzo, a veces ni desayunaba, dependiendo de el qué.
Como curioso, comencé a hurguetear por la habitación del pelinegro, examinándola de puerta en puerta, de esquina a esquina para re conocer mas el entorno; al menos, yo lo veía todo ordenado, y en buen estado, sin imperfecciones, hacía un buen trabajo en el aseo; además que se veía cálido, como un autentico hogar. Me dispuse a hablar, cuando pude escuchar su voz, nada más reí, haciendo un suave gesto con la manga de mi mano diestra , en ton de ‘ No te preocupes, ya me marcho’



-Te espero a fuera~; si gustas comer he llevado refrigerios, para partir subiendo la colina desde ya-


Dije en completa tranquilidad; aun , con Nintsu como siempre en mi hombro ( En ese entonces aun era muñeca~); dispuse salir , no como entre, después de todo, mi presencia ya había sido descubierta desde el momento del que había entrado a su casa y lo desperté; claramente le daría su espacio, no sé si quería que saliese o no, pero a pesar de su comentario pude deducir, y no irme con rodeos, para salir sin queja ni nada; después de todos, reitero, no me molestaba estar ahí o fuera; distinto era las reacciones que podían ocurrir.
Abría la ventana por la cual había observado minutos antes, y sin menor dificultad salte hacía afuera, cayendo de pie, como pluma, suavemente, pero con alguno que otro fleco loco que se había desordenado. De igual manera me sacudí, y me arreglé par siempre estar presentable ante cualquier situación , nadie sabe lo que podría pasar un día Domingo por la mañana; aunque todos supondrían que se la pasan dormitando; después de todo en la academia no se veía gran actividad, no había demasiado panorama, ajetreos, nada; sentía un cierto aire de utopía, a diferencia de pequeños detalles, en fin; esto era mejor que estar en el caótico mundo de abajo, soportando bombas, balas, polvillos, muertes y el olor putrefacto de los pobres afortunados inocentes, y militares que yacían en el sucio suelo manchado de su propia sangre . . . Con tanta cosa, pensé en , aquel vacío el cual te hace pensar las antiguas promesas, lo que te queda de algo que se llamaba hogar, dudo que se pueda volver a sentir la misma sensación que tiempos pasados, pero , los momentos del presente se aprovechaban. Recuerdo haber escuchado una vez ‘Las personas que mas piensan en el pasado, son infelices en su presente’ ; por una parte, no estaba demasiado.. carcomido por los errores, ni en estado de melancolía llorando en un rincón con una botella de wisky preguntándome e ‘ Por qué’ de las cosas que habían pasado; no, eso no era vida para nadie, al contario, no había que lamentarse, después de todo, mi estadía en la cúpula había sido agradable, conocer nuevas personas, sobre todo al alumnado, las jóvenes promesas en entrenamiento para defender lo que hoy era su hogar, lo que hoy era su vida, a pesar de los lamentos de lo anterior, se veía todo en un buen plan .
Saque de uno de mis bolsillos un dulce de miel, del tamaño de mi pulgar, me estiré y, lo desenvolví, metiéndolo a mi boca y dándole un buen mordisco, sintiendo como la miel se esparcía y quedaba una especie de chicle entre los dientes, prestándole mas atención al día, a la hora~







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Mensaje por Gilbert Nightray el Mar Jun 04, 2013 5:28 am

Re: A ir a Acampar! [Priv.Gilbert]

Hice una pequeña mueca de molestia, de una forma que prácticamente ni se notó, al volverlo oír reír tras decirle indirectamente que saliera del cuarto. Sí, me gustaba ver que era feliz, pero esa risa parecía más bien una costumbre que algo real, es decir, algo que hacía habitualmente y sin razón alguna, no por pura alegría. Podría habérselo reprochado, como cualquier persona mínimamente analítica puede haber supuesto, pero no quería. Y no es que actuara sin razón, ni mucho menos. No. A cualquier otra persona podría haberle hecho callar de inmediato, frío y conciso, pero a él no. Un sirviente no puede decir nada malo de su amo, por lo general. Tal vez sí en algún caso concreto, pero ése no lo era, ni mucho menos.
Un gran inconveniente de la vida servil es no poder quejarse. No, al menos, al amo, como ya he dicho, porque a los demás se les puede hacer lo que se quiera a no ser que haya alguna prohibición referente a ello, lo cual podía resultar algo fastidioso. Si la otra persona se enteraba de que una orden así, podía mentir sobre ello sólo por fastidiar; la gente puede llegar a ser muy mala y cruel, sobre todo cuando se le puede sacar provecho a la situación. No comentaría, pues, sobre su exceso de dicha. Podía ser tan chacotero como quisiera y, por mi parte, no tenía ni derecho ni razón de intentar cambiarlo. Cada uno es como es.

Asentí a sus palabras, esperando a que las cumpliera, e ignoré lo segundo, teniendo más sueño que hambre. Bostecé por cuarta o quinta vez, preguntándome a qué clase de persona se le puede ocurrir despertar a otro por la mañana, no sé a qué hora exactamente, tal vez las seis, las siete o las ocho, y además esperar que éste esté animado o al menos lo suficientemente despierto como para saber qué ocurre exactamente a su alrededor. Aún mantenía cierta sensación de pesadez y estaba algo aturdido a causa de la somnolencia.

Cuando saltó por la ventana como un loco que era, me acerqué a ésta y me asomé por tal de comprobar que estuviera bien, pues la gente no suele tener la costumbre de tirarse por la ventana por puro gusto, ya que las puertas están para algo. Lo raro era también que hubiera hecho algo así a esas horas. No tenía la más mínima idea del tiempo que había dormido ni de la hora que se había despertado, pero la energía que poseía me pareció sobrehumana para ese momento. Tal vez lo exageré un poco al estar yo en ese estado, quién sabe, pero pensándolo en cualquier situación no es fácil verlo como algo normal.

Me dirigí al armario para buscar algo que ponerme con una lentitud increíble, aún sin entender qué ganaba el otro con venir y despertarme así, pero antes decidí orientarme un poco aunque fuera, por lo que fui a mirar la hora. Pasaban varios minutos de las ocho, diez o veinte, siquiera me fijé en cuantos con demasiada precisión.
Por esta actitud cualquiera podría deducir que era un maldito vago y que no me despertaría ni en un cuarto lleno de gatos, pero no. El que pensase eso se equivocaría. En ese caso probablemente chillaría atemorizado como si me fuera la vida en ello, como si cada animal fuera un asesino en serie, y huiría sin pensármelo dos veces a menos que algo o alguien me lo impidiera. No creo que volviera a ese sitio fácilmente. Pero... ese no es el caso Como decía, no era tan perezoso y de hecho estaba acostumbrado a madrugar, trasnochar e incluso pasar noches enteras en vela por orden de cualquiera de los amos que he tenido en mi vida, que son cuatro contando a Stear, aunque dos de ellos juntos, ya que eran un matrimonio y ambos se dedicaban a pedirme cosas, ignorando que fueran imposibles, demasiadas a la vez o que no supiese hacerlas. Por lo tanto, estaba más que acostumbrado a este tipo de cosas, pero eso no quitaba que me molestara tener que cumplirlas quisiera o no. Al menos sabía que me había despertado para algo lúdico y por lo tanto seguramente ameno, en lugar de darme tropecientos trabajos que tener que hacer durante todo el día y tener terminados antes de el siguiente, o cualquier pedido similar.

Volví de nuevo al tema anterior, al de la ropa, con tal sosiego que hubiera podido terminar dormido en cualquier momento y lugar. Sacudí un poco la cabeza, queriendo desperezarme un poco aunque fuera, y me vestí con lo mismo de siempre; tenía varias mudas iguales. Seguidamente me dirigí al baño y me eché algo de agua tanto en el rostro como en el cabello, la cual sequé ligeramente luego con una toalla.

Caminé una vez más hacia la ventana, ya menos adormecido, y busqué al albino con la mirada, encontrándomelo esperando tranquilamente. Apoyé la cabeza en los brazos y los codos en el marco de la ventana y dejé ir un suspiro, pareciéndome que estaba demasiado quieto y calmado por ser él mientras lo observaba desde ahí como si fuera su admirador secreto.

Poco después dejé esa de estar de ese modo y tomé el marco de la ventana con ambas manos, para apoyarme y asomarme en ella con facilidad y sin peligro.

- ¡Amo! - Lo llamé, pareciendo ser prácticamente la única palabra que supiera decir, o simplemente mi favorita, ya que era la que más usaba. Esto lo hacía desde siempre, ya que mis primeros amos me dijeron que debía hacerlo así para no ser regañado, aunque el tercero y el cuarto me decían que los llamara por su nombre, pero ambos eran menores, según creía, que los anteriores, y seguro que con menos autoridad y al parecer menos práctica también como lo que eran, amos de un sirviente.

Coloqué entonces ambos brazos en el marco de la ventana, sin saber si debía ir a buscarle, esperar ahí o preguntarlo.
Gilbert Nightray
Mensaje por Alistear el Jue Jul 11, 2013 4:48 pm

Re: A ir a Acampar! [Priv.Gilbert]

En ese instante jugueteaba con los trozos de caramelo que quedaban atrapado entre los dientes, y lo chicloso que estaba esa suave pasta del centro de aquel dulce de miel que normalmente ayudaba que el caramelo se quedase atrapado entre los dientes, bah, menuda molestia que eso causaba, uno, la incomodidad de tener algo entre estos, la otra, las caries, ugh, y si no las tratabas, atroz! No! No, los dientes eran lo más importante para una persona, con eso demostraba higiene, y claro, una amplia y alegre sonrisa esbozada, brillante y reluciente nunca sentaba mal para mostrarla en cada situación, sea cual sea, una sonrisa nunca le hacía daño a nadie; en definitiva, la sonrisa era el pase de las personas, no, no es que quiera decir  que el aspecto lo vale todo, más vale el interior que el exterior; pero cabe destacar que el exterior vale en primeras impresiones; siempre limpio, de buenas caras, la mejor impresión podrías dejar, sucio, de mal ánimo, no tendrías demasiado éxito.
Miré de soslayo la ventana; no tardaba demasiado, más, tampoco quería apurar al pelinegro, ya que le había despertado a las tantas, quizá esté desvelado, o durmió cuan marmota, a de saber. Aun así me entretenía viendo como las hojas de algunos árboles caiga, las típicas pelusas del aire, bien...' diversión ' entre comillas; poco más y comía tierra de lo aburrido que estaba esperando, hasta notar que se había asomado. Esbocé una sonrisa, dando media vuelta subiendo los brazos con ánimo, pues le había pillado observando, o al menos eso es lo que supuse.


- Las fotos duran más~!-

Exclame, riendo a los pocos segundos. Me acerqué entonces, a la ventana, dando suaves saltos en el trayecto ¿Ocio, porque apareces? . Bien . Con cuidado pose mis manos en el marco, mirándole desde abajo ya que la distancia entre la ventana y el suelo era bastante, más que el pelinegro era más alto que yo, y uno afuera; con una empalagosa y molesta -como siempre era- sonrisa esbozada, a la altura de su pecho.
Recordé cierto poema, el cual recuerdo bien por la señorita Laurent, mi antigua ama, con la cual pasaba varios momentos del día; amante de la poesía, del arte, una mujer llena de gracia, de resplandor, al igual que su hija, ambas el reflejo de otra, temperamentales, por no decir bipolares, unas flores que se habrían a cada salida del sol, y se resguardaban al caer la noche; vivos colores, y aquella flor , algo marchitada, que no se dignaba  aun a dejar caer sus hojas, sí, la abuela de Elizabeth; tres señoras, idénticas. No, no era atracción ni deseo, se podría decir que me enamoré de las tres, pero no, no esa clase de 'enamorarse', no, no 'amor' , más bien un aprecio, como.. como si realmente fuesen mi familia. Sin irme del tema.
Hace semanas ya; el pelinegro me llamaba cierta curiosidad, algo que decidí explorar a propia voluntad, y.. por qué no?, tirar los dados a la suerte. Sus ojos; un par de ojos -valla ironía- de un hermoso color dorado, los cuales nunca recordé haber visualizado en mis andanzas de joven enamorado cuando aun habitaba en la tierra, hicieron que aquel poema viniese a mi memoria, fresco, recién salido del horno. Solté una última carcajada, cerrando los ojos con una suave sonrisa ya esbozada


''Ojos claros, serenos,
si de dulce mirar sois alabados,
¿Por qué si me miráis, miráis airados?
Si cuanto más piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira;
no me mireís con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay, tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.''


Recité en voz baja; no había necesidad de decirlo a toda voz, estaba cerca del cuerpo ajeno, supuse que escucharía, más, tampoco pretendía darle un doble sentido a las palabras , si de algo sabía bien, eran ocuparlas adecuadamente, no exactamente para ligar, y no; tampoco esa era mi intención, en el fondo, eran halagar los ojos de él que me habían llamado la atención, nada en especial.. supongo.Solté un suave suspiro, dí media vuelta a recoger las cosas, como si nada hubiese pasado segundos antes, le mire de soslayo, riendo

-Se nos hace tarde!~





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Alistear
Mensaje por Gilbert Nightray el Vie Ago 02, 2013 8:34 am

Re: A ir a Acampar! [Priv.Gilbert]

"¡Las fotos duran más!" fueron las palabras que me dieron a entender que había captado su atención, las cuales en un primer momento no entendí. ¿Más que... qué? Tampoco comprendí porqué había elegido una frase tan indefinida en ugar de limitarse a soltar un "voy" por decir algo o a, directamente, acercarse a mí, sabiendo que lo vería entonces.
Vino luego, mientras yo me seguí sintiendo un verdadero idiota por estar aún pensando en esa absurda frase, sin saber qué hacer por responderle al menos hasta que al fin hallé su significado: el albino había malinterpretado mi anterior momento de indecisió, mi mantenida mirada hacia él. Probablemente creyera que lo observaba por puro gusto y la verdad es que sí, lo admiraba, pero como mi amo que era y no porque me gustara de cualquier modo que creyera él que lo hacía además del ya nombrado. Simplemente pensaba en lo que hacer para lograr el objetivo que, por cierto, alcancé a la perfección: hacerle entender que estaba listo.
Dudé entre considerar su respuesta como una simple broma de las suyas, como cualquier otra, como un acto egocéntrico, o... "Las fotos duran más.", me repetí mentalmente una vez más, pensando ahora en ella como una oferta muy valiosa que poder aprovechar. No podía dejar pasar una oportunidad así, no podía rechazarla, aunque debiera fingir haberlo tomado literalmente en lugar de entenderlo... rato después, como un tonto, además de bastante inútil. Como eso que me consideraba realmente a mí mismo.

- Pero... - Decidí responderle finalmente en cuanto llegó a mí, cruzando en ese momento mi mirada con la suya. - ... No tengo fotografías tuyas. - Le reclamé al fin, pretendiendo que lo tomara aunque fuera un poco en serio, captara la indirecta y me diera una. O tal vez… ¿preferiría que me fijara en él directamente?

Me sonrojé suavemente al pensar en lo último junto al pequeño malentendido. Mis conclusiones eran demasiado extrañas y vergonzosas, aunque para mi suerte nadie podía conocerlas ya que las mantuve únicamente para mí mismo. No pretendía decir en voz alta como aquello y mucho menos delante de alguien que me importara, aunque pareciera un crío incapaz de entender algo tan complicado. Podían pensarse muchas cosas por cómo yo tomara algo, acertándolo, erróneamente o tal vez una especie de mezcla indefinida de ambas cosas. O podría ser que...
Chorradas, sólo eran chorradas, o eso creí entonces, ayudando con ello a que mi reciente rubor desapareciera de una vez por estar evadiendo mi mente del tema que lo había hecho dejarse ver.

Observé su tierna sonrisa y en consecuencia rompí el contacto visual que yo mismo había iniciado antes, aunque por lo siguiente que dijo supuse que él, por su parte, la mantuvo.

Parpadeé confuso cuando comenzó a recitar el poema, volviendo a mirarlo a su único ojo, de ese llamativo tono carmín, y al flequillo, claramente distinto al ser completamente blanco, ya que no tenía otra opción mejor.
"Ojos claros.", eso dejaba claro el mensaje: la intención era idolatrar, o halagar al menos, el color de mis doradas pupilas. O eso, o pretendía soltar cosas aleatorias por una razón que desconocía, me desconcertaba considerablemente al intentar buscarla y que además no era capaz de adivinar, fuera como fuere; hiciera lo que hiciese.

Tal vez le gustaba el color porque siempre había querido tenerlos así, o podía ser también que le recordara a alguien que los tuviera similares, o... había demasiadas posibilidades como para nombrarlas todas, y aún sería más difícil hacerlo sin llevar a aburrir seriamente al lector.

Fuera como fuese, intenté pensar rápido en una respuesta para al menos compensar un poco la demora en la anterior vez.

-Gracias. - Murmuré, sin ideas, mientras pensaba en algo más. Ese simple agradecimiento no era digno de ser la única respuesta a algo así de extenso y elaborado, aunque era posible que lo acabara de improvisar al venirle a la mente ese supongo que adecuado poema.

Me vinieron a la mente varios poemas que algún día me supe completos de memoria aunque en aquel entonces recordara sólo algunas partes de unos cuantos, más bien.

- In visions of the dark night
I have dreamed of joy departed-
But a waking dream of life and light
Hath left me broken-hearted.
- Murmuré la primera parte del poema llamado A Dream, hecho por el conocido Edgar Allan Poe, pensándolo en voz alta. Estaba buscando algo adecuado pero no pretendía recitarlo, aunque sólo hubiera recitado parte de él.

Rebusqué más en mi repertorio mental.

- Once upon a midnight dreary, while I pondered, weak and weary,
Over many a quaint and curious volume of forgotten lore,
While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping,
As of some one gently rapping, rapping at my chamber door.
"'Tis some visitor," I muttered, "tapping at my chamber door -
Only this, and nothing more."
- Esta vez sólo lo pensé, únicamente para mí mismo. Tampoco... Además este, The Raven, del mismo autor que el anterior, era especialmente extensor.

Seguí buscando algo con lo que poder responderle como si de un contraataque se tratara.

- When we two parted
In silence and tears,
Half broken-hearted,
To sever for years,
Pale grew thy cheek and cold,
Colder thy kiss;
Truly that hour foretold
Sorrow to this.
- De nuevo lo recité sin darme cuenta, aunque esta vez sólo solté algunas palabras en lugar de decirlo todo. Para los curiosos, se trata de When we two parted, de Lord Bryon.

Ahora que lo pensaba, los estaba buscando en mi idioma natal. No sabía si lo entendería y además ninguno de los tres tenía relación alguna con la situación. No, al menos, directa, ya que rebuscando se pueden encontrar muchas similitudes curiosidad aunque no lo parezca a simple vista, pero prefería ser más concreto en lugar de poner en práctica esta extraña lógica.

Entrecerré los ojos, pensativo, aún buscando algo adecuado. Tal vez me veía como un idiota siendo tan indeciso pero, ya que me había propuesto responderle bien a eso, pretendía encontrar algo mejor.

- En nuestra sumisión nos consumamos,
en nuestra servidumbre nos crecemos,
vivimos a compás,
en la angostura de un andar errátil
que nos da la amplitud,
al comprender
la bella anomalía de este viaje.

Nómadas en esencia,
muchedumbre
que cruza en extravío
del uno al otro lado de nosotros,
polizones
en la nave del mundo,
huéspedes
al amparo de nadie,
en deuda con la vida, que está en deuda
con el secreto amor que profesamos
a todo trance siempre hacia la vida.
Apátridas por fuerza en nuestro espíritu.

A la buena de un dios en descalabro,
clandestino de mí,
pobre de qué.
señor de dónde,
en un inacabable deambular,
al arte por el arte
de estar vivo.

Un vaso de agua fresca al transeúnte,
un pedazo de pan al vagabundo,
un puñado de sal al peregrino,
que voy en trashumancia,
que voy de merodeo,
voy de paso.
- Fue el que decidí finalmente, considerando más o menos apropiada la elección. Tal vez fuera un tanto extraño pero, insisto, no se me ocurrió otro que encajara mejor con nuestra relación de, únicamente, amo y sirviente. No creía conocer algo más adecuado que eso: Servidumbre de paso, obra de Carlos Mazal.
Yo era su simple sirviente, uno cualquiera, y lo sabía. Nada más, sólo quien cumplía sus caprichos y le obedecía independientemente de lo que me pidiera. No teníamos un contrato legal o algo así pero pretendía serle completamente fiel igualmente, ignorando lo que pudieran opinar los demás. Simplemente, me gustaba vivir así porque era a lo que estaba acostumbrado y no sabía hacerlo de otro modo. Lo necesitaba, supongo. No sabía ser independiente, aunque si me lo preguntaban es posible que lo negara con cualquier excusa. No me gustaba aceptar según qué cosas aunque a veces, por ejemplo, había rubores que me delataban.

Iba a dirigirme a la puerta de mi casa, mas dudé. No sabía si sería conveniente hacer lo mismo que él y salir por la ventana, tal cual. Me lo replanteé y vi mejor la primera opción: era más habitual, segura y bien vista, además de decente, cómoda e incluso natural.
Salí, pues, tal cual, sin tomar nada más que lo que llevaba encima habitualmente, y fui con él a paso rápido, prácticamente corriendo aunque con ligeros saltitos para frenar en cuanto llegué a él y dedicarle una mirada que parecía preguntar por sí sola sus deseos, si es que poseía alguno que yo pudiera concederle en ese momento.
Gilbert Nightray
Mensaje por Alistear el Miér Ago 07, 2013 1:15 pm

Re: A ir a Acampar! [Priv.Gilbert]

- Quizá algún día te de una~ ...  Más bien. Te exigiré que te saques una conmigo- Dije en un tono poco más en broma, aunque así no fuese. La verdad; poseía unos viejos álbumes de fotografías, que comenzaban a correr desde los 15 años de edad, tiempo en que ya habitaba bajo del mandato de los Rumsfeld's, se podría decir que en aquellos libros se guardaba gran parte de mi vida, momentos del pasado, fotografías con lo que una vez pude llamar 'familia', las celebraciones en la mansión, o simplemente días cotidianos de los cuales nos daba la gana de tomar una foto con tal de recordarlo. Las salidas a otras ciudades, que no fuesen Oxford, claro esta, al extranjero, las reuniones sociales... Todo aquello que lo involucraba. Y Claro, había uno en especifico que contaba la historia tras bambalinas, fotografías de señoritas, de las cuales algún día tuve más de un roce de palabras. Aquellas noches inolvidables de adolescente hacían que estañase la anterior vida, sentir nuevamente aquellos placeres, esas voces femeninas y las emociones de éxtasis que hacían que desbordaras en una felicidad plena, pero poco duradera.
Tenía la costumbre de sacar fotografías de ese tipo, de grupos, generalmente, o simplemente ser yo quién las tomase ; y ¿Por qué no sacarse una ahora. estando en un nuevo ambiente, con nuevas personas?.¿Por qué no tener una fotografía que dentro de años verás sentado en el sofá , fumando de una pipa mientras disfrutabas del calor de la chimenea, junto a una taza de té; que te hiciese recordar que alguna vez tuviste un sirviente?. Al menos para mi no era una mala idea tener una fotografía de ambos; o únicamente de él.
Ya entonces, pase a estar a un par de metros de él, medianamente distraído.
Suaves palabras, casi como cuando el viento sollozaba entre las hojas de los árboles me llamaron por completo la atención. Estaban en inglés, idioma que por lógica dominaba.Aprecié las palabras en silencio, haciendo cualquier cosa que hiciese parecer que estaba simplemente en lo mío. Aun así, no entendía el fin de los murmullos ajenos, de las palabras, quizá simplemente tarareaba alguna canción para si mismo en la espera de una orden o algo. Luego caí en cuenta de que había dejado aquel peluche de gato dentro. No dije nada, medite. Si dejaba el peluche ahí, seguramente sería un bastardo a quién gustabase de asustar y atormentar a la gente - de echo, es me gusta hacer - , pero demasiado era por hoy.
Aunque, me sentía levemente repugnado por la presencia de aquel animal de felpa. Bien no le tenía fobia a los gatos, en comparación con el pelinegro, pero, debía admitir que tenía un persistente odio hacia aquellos pequeños felinos.
Aquella historia era larga, y un nudo en el estomago me llenaba de una ira profunda de solo volver a recordarla.

Diecinueve años de edad; en una relación con una bella dama de cabelleras rubias y ojos oscuros, pecosa. Gustaba que fuese a visitarla las veces que podía,  y solía pedir permiso a la señorita Laurent para que me dejase quedarme con Antonieta -la rubia- por el fin de semana, irme el viernes, y llegar el domingo a cenar a la casa Rumsfeld. Así nos la pasábamos, felices, enamorados, tórtolos incrédulos. Ella, amante de la naturaleza, plantas por toda la casa, y claramente de los animales, poseía pajarillos, perros, camaleones, cangrejos, peces, un par de corceles, vacas, más parecía una granja que una mansión, pero era comprensivo , la chica era la consentida de sus padres. Poseía un gato, que hasta el día de hoy detesto. Llamabase Raúl, un gato negro de manchas blancas. Las veces que dormía junto a la rubia, sentía sus ronroneo, y sus quejas cuando le daba hambre. La pobre chica se levantaba de madrugada dos o tres veces a darle alimento, el gato era robusto, pero estaba en un buen estado por lo que nadie se preocupaba de su excesiva ingesta de alimento. En el día, este mismo se paseaba en busca del amor de ella, y del mío. Debía de admitir que adoraba a Raúl en sus principios, lo mimaba, y hasta a veces yo  me levantaba a darle de comer, con tal de no molestar a mi preciosa compañera. Así nos la pasábamos con aquel gato.
Daban los 3 meses de relación. Todo cambió. El gato cada vez más era empalagoso, ya había estado entre mis piernas, haciendo que múltiples veces tropezara y cayera de cara contra el piso, y a la pobre Antonieta la tenía mas que desvelada por sus caprichos , la rubia pocas veces podía pasar tiempo conmigo. Admití. Comencé a sentir celos del felino.
De celos, se pasó a un odio sin fin. Era un Domingo; Antonieta aun dormía, y yo simplemente fui a preparar el desayuno, pues ese día los sirvientes empezaban sus labores por la tarde, ya que también se merecían sus descansos. Cuando sentí un grito, un gran estruendo que hizo que un plato se cayese de mis manos. Era la voz de la chica. Un fuerte golpe de azote resonó por la mansión, y múltiples gritos de escucharon horrorizados. Dejé la cocina encendida, los huevos se quemaron. Corrí sin pensar hasta el salón, donde estaba aquella gran escaleras. Un horrible fuego paso por mi pecho, un charco de sangre, y el cuerpo de la rubia manchado del liquido carmín. Los maullidos de Raúl provenían del segundo piso, lo observe con desprecio.
La joven había fallecido, el gato había echo que esta tropezase, y cayera escaleras abajo. No deje de ir a la mansión, todos los Domingos iba a saludar a los sirvientes, y a dejar una rosa blanca en nombre de los Rumsfeld's, que también lamentaban su perdida, y siempre, siempre me topaba con aquel gato. Lo desprecié, había matado a mi enamorada, no podía verlo, me llenaba de ira.
Terminé por matarlo con mis propias manos, no volví a esa mansión desde ese entonces.


- Adorable, Adorable!- . La voz de Nintsu resonó en mis oídos. Caí en cuenta, sacudí el rostro. A ese entonces, solo pude escuchar la última estrofa. Suspire. Dando unos costos aplausos al poema que no había escuchado, pues me acordaba de aquel fatídico odio a por Raúl. Esboce una sonrisa más suave, pensando en qué decir; con tal de que al menos tenga la idea de que le había escuchado.
- Tienes talento para ello~Gilbert. Al menos yo no hubiese podido memorizarlo así sin más- Me encogí de hombros. Ya con las cosas, cogí uno de los bolsos. Mirando al pelinegro de soslayo que desaparecía de mi visual, y, claramente, reaparecía, ya afuera de la casa.

- Lleva el bolso aquel~ , no creo que este tan pesado- Señale el bolso, ese, únicamente, estaba lleno de provisiones, dulces, té, azúcar, agua. Lo necesario supongo. Me estiré, cargando el bolso que me correspondía en la espalda sin problema alguno, no estaban tan pesados como para no poder ascender aquella montaña y tener que descansar cada diez minutos a causa del peso -Listo?~





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Mensaje por Gilbert Nightray el Vie Ago 09, 2013 9:36 am

Re: A ir a Acampar! [Priv.Gilbert]

Insinuó que lo miraba demasiado por lo que, a su manera, me ofreció una fotografía, lo cual traté de aprovechar seriamente, y me respondió con una propuesta un tanto... vergonzosa pero tal vez mejor. La verdad es que esta conversa era un tanto extraña.
Entonces dudé. ¿Lo pedía en serio? "Exigirme" algo no sonaba muy verdadero, pues prefería obedecer a órdenes como lo haría un animal, en concreto un perro aunque se pueden adiestrar hasta las ratas y no, no bromeo. Nunca lo había probado pero estaba seguro de que era posible. Leía mucho y había libros en los que se explicaban cosas como esa. Hay libros de fantasía en los que entrenan seres inexistentes, sí, pero también los hay verídicos en los que muestran hasta cómo controlar a un dragón enfurecido. Increíble pero cierto, aunque en aquel entonces no creía haber visto dragones pero sabía que existían. Al fin y al cabo, un brujo dudando de algo así se vería bastante raro, ciertamente. Se pueden llegar a entrenar incluso los gatos y eso lo sé por experiencia propia.
Cuando era más pequeño, con unos quince años, me amenazaban con un par de felinos que parecían atacarme únicamente a mí, ya que con los demás parecían más mansos y apacibles, y esto no pueden ser imaginaciones y chorradas extrañas de alguien con ailurofobia. ¡Estoy seguro de que lo hacían! Además eran dos y hacían lo mismo sobre esto. En cambio, el perro que conviví, en más de cinco años fue fiel, servicial, bondadoso y jamás me atacó. Probablemente no tuvo ni la intención de hacerlo. ¿Es posible que siguieran vivos esos animales, en algún lugar de la cúpula o... tal vez seguían en la Tierra? Probablemente ya hubieran perdido la vida todo. Puede ser que también mis anteriores amos o ambas familias y la biológica, la cual no recuerdo, aunque...
Basta de explicaciones y recuerdos que no vienen al caso aunque gracias a esto logré desprenderme del rubor que se había apoderado de mis mejillas al pensar en lo de la fotografía y la posibilidad de... Fui tan tonto de pensar en ello de nuevo, haciendo reaparecer el dichoso y tal vez visiblemente tierno enrojecimiento.
- Tonto, tonto... - Esa palabra se clavó en mi mente, pareciendo que no quería salir de ahí. Por suerte no denoté este pensamiento. Al fin, poco después, el tono carmín desapareció de ahí.

Las exclamaciones de Nintsu, esa molesta muñeca que no sabía ni porqué llevaba encima, tal vez por alguna estupidez de las suyas o por algún tipo de sensibilidad hacia ella, no hicieron más que empeorar las cosas; un nuevo rubor se hizo visible. ¡Maldita sea! ¿Por qué era tan estúpidamente sonrojable? Dejé ir un suave suspiro que contenía pura rabia. Si siquiera sonreía y apenas mostraba mis sentimientos, no entendía por qué mi cuerpo me traicionaba con eso. De veras, nunca lo he entendido y dudo llegar a descubrir una razón para ello. Mis genes debían ser demasiado extraños y distintos entre sí. No sabía de qué clase de padres había nacido, pero probablemente fueran completamente opuestos. El típico padre estricto, duro, malhumorado y rancio junto a la aún más típica madre dulce, consentidora, amable y bondadosa o algo menos común, que sería al revés: padre bueno y madre... no tan simpática. Lo más seguro es que jamás pudiera descubrirlo y llegara a morir con la eterna duda. Se mantenía en mí desde los cinco años.
Las palabras de mi amo me hicieron volver en sí y, por alguna extraña razón, llegaron a alegrarme bastante. En unos segundos, mi ánimo se elevó como un globo lleno de helio, ligero y por lo tanto volador, al ser soltado al aire libre.
Arriba, arriba, y... como todo, tuvo su fin. Desvié la mirada.
- Tú has sido capaz de memorizar a la perfección y de recitar mejor... Mejor... - De repente me trabé, cayendo en cuenta en que había dicho algo así de un tirón. Increíble. - Mejor... - Fingí un estornudo para disimular mi propia idiotez e inutilidad y carraspeé suavemente después. - ... Mejor que yo. - Dije, finalizando al fin esa simple, en realidad sintácticamente compuesta, frase, ya que estamos también pudiendo ser llamada oración. - Sí que podría... podrías. - El trato de tú me confundía bastante aún, aunque ya me había acostumbrado bastante a usarlo en él pese a que no debía de haberlo ni intentado. Jamás debí aceptarlo, pero ese jovenzuelo era demasiado, pero que mucho, incluso más que yo aunque lo era bastante, insistente. Y terco. También era infantil. ¡Basta de insultos hacia Stear! Me estaba aprovechando demasiado de la ocasión, ya, y tampoco debería, aunque al fin y al cabo... no se daría cuenta si sólo lo pensaba y además si se lo dijera directamente habían muchas posibilidades de que siquiera se molestara. Ni un poquito al menos. Volviendo al tema del trato de usted, que me he desviado claramente con esas absurdeces, nunca antes me habían pedido que hiciera algo así.

Miré hacia los lados al oír lo que al menos yo consideré una orden hasta que me dejó claro dónde debía mirar exactamente al haber señalado el lugar, o más bien el objeto. Asentí con el rostro, como de costumbre obediente, y me acerqué a éste para tomarlo correctamente, en la espalda, al igual que él, sin cuestionar siquiera por su contenido. Suponía que lo descubriría bastante pronto así que tampoco tenía demasiada curiosidad por ello y, sino, podía preguntárselo en cualquier momento y, a no ser que comenzara a jugar y a hacer el tonto, seguramente me lo haría saber sin rodeos, molestias, refunfuños ni regaños. Ese hombre no tenía madera de amo, de eso estaba seguro. Era demasiado bueno y consentidor, lo cual no odiaba pero tampoco es que me gustase especialmente. No me atraía esa idea, sabiendo que yo debía ser más o menos así con él y no él conmigo. Las cosas invertidas resultan demasiado... extrañas. De hecho, detestaba bastante su extrema bondad y amabilidad. ¡Quería órdenes, no mimos y chorradas varias, risueño empalagoso! Pero... preferí no hacérselo saber entonces.

Asentí una vez más ante la última pregunta, dispuesto a partir al fin y a ir... No sabía a dónde pretendía ir exactamente, así que lo dejaré en un "allí", añadiendo un "donde mi preciado amo deseara estar" para no extender más esto.
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