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Mensaje por Iván Dugès el Sáb Mayo 09, 2015 10:18 am

Accidentes Cotidianos (Priv.Hans Wilde)

Era un maravilloso día en cuestión de clima. El sol estaba en su punto, otorgando aquel calor y brillo que diría a cualquiera que dejase los abrigos en casa, y forzase a ir a devorar un buen helado. El cielo estaba tan despejado, que no podría tenerse en el césped del jardín para ver las formas de las nubes. Tendría que ser otro día.
En aquellas pequeñas y sencillas cosas se fijaba aquel rubio de ojos violetas, Iván, quién disfrutaba de la sencillez de la naturaleza, de lo práctico. No le era necesario encender algún televisor para divertirse. Con él le bastaba tener un buen libro entre sus manos.
No hace mucho había salido de las clases, caminaba por los pasillos del recinto con las manos juntas, una sonrisa plena en sus labios, y como era de acostumbrarse ver al alumno de lluvia, con sus orbes tan lindas tapadas por la chasquilla rubia. Pero a pesar de que sus ojos eran tapados con injusticia, era capaz de tener una amplia visión, eran inexplicables el por qué de sus torpezas, el por qué de sus caídas.
Procuraba tener cuidado a cada paso que daba, asegurándose que en el suelo no hubiese nada con lo que resbalar, o en el frente con lo que chocar. Cualquiera diría, si lo viese recargando sus finas y delicadas manos contra las paredes, de que se trataba de un ciego sin su bastón con él quien  contar.
– Supongo que iré un rato a los jardines a ver las flores, luego a comer algo para la cena, y dormiré hasta mañana – pensaba Iván mientras descendía por unas escaleras de antiguos aparentes peldaños ; nunca tuvo demasiado qué hacer, además que sin amistades esto no le funcionaba de la forma completamente adecuada; pero no se quejaba, era bastante modesto para auto convencerse con las excusas típicas “no soy alguien lo suficientemente destacable para mantener una charla con cualquiera, tampoco soy de una raza envidiable, o llamo demasiado la atención entre la multitud de alumnos que hay”. Sonrió para así haciendo caso omiso a aquella soledad, que más que hacerlo sentir mal, lo acogía de cierta forma.

Fue entonces que en esa ida de unos cinco segundos, sus pies resbalaron al tocar uno de los peldaños de la segunda escalera, perdió el equilibrio y sus manos, con tal desespero y alarma, buscaron tomarse arduamente del pasamano, sintiendo como la espalda estaba llena de una sensación horrible, ese peso… esa gravedad que lo obligó a caer escaleras abajo. Su mano efectivamente había tomado el pasamano, pero a desgracia, por el juego de gravedades, el peso, fue contra lo que él creía que podía, y terminó por soltarse en el mismo momento, cayendo de espaldas por los escalones, sin antes darse un buen golpe en la espalda contra la pared que daba paso a una tercera escalera
– Ay. . . – Soltó un sollozo lastimero agarrándose de comienzos los hombros, con los ojos cerrados hecho ovillo en una esquina, sin poder moverse mucho. Tomó aire, lo contuvo mientras sus manos recorrieron su figura en un dulce baile, terminando en sus caderas, echándose un poco para atrás para ejercer presión en la espalda. Lo estaba matando aquel dolor. Removió un poco los pies de tal forma que sintió un escalofrío peor, aguantando el dolor en una mordida de labios. [/color]


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Mensaje por Hans Wilde el Sáb Mayo 09, 2015 10:59 am

Re: Accidentes Cotidianos (Priv.Hans Wilde)

Las clases para el joven Wilde estaban marchando tal cual las había planeado. Al menos, los alumnos que estaban bajo su cargo en el fuego Elemental habían sido responsables con el trabajo. Se sintió satisfecho, no tendría que poner notas deficientes por la irresponsabilidad de los críos. No tardó demasiado en finalizar y dar un cierre preciso a la clase. Esperó que los demás salieran para dejar cerrado el salón, con el maletín con los trabajos cruzado en su pecho.
Hoy Wilde escucharía a Chopin.
Luego de quedarse dando vueltas por algunos salones, el profesor siguió su trayecto hacia las escaleras, con las intenciones de bajar a la primera planta para comenzar con las correcciones, no sacaba demasiado yendo hacerlo a su propia habitación, puesto que estaba seguro de que se distraería con algún quehacer.

Con dicha normalidad, aquel rostro neutral y poco expresivo que el hibrido poseía, comenzó la bajada por las escaleras, ni siquiera se preocupó de mirar por la ventana para ver lo espléndido que se encontraba el día. Era notable que esas cosas no le llamaran demasiada la atención. Lo peor es que podría verse que desperdiciaba lo sencillo, aborrecía lo moderno. Hans Wilde era un sujeto inconforme, en parte.
Si bien los ojos no lo deleitaban con algo, sí pudo escuchar un estruendo en el escalón que había terminado de bajar, se detuvo a mitad de la escalera para voltearse, denotando el estrépito golpe que un muchacho de cabellos alborotados, rubios crema, había dado contra la pared de la estructura. Y al parecer le había dolido.
Si bien Wilde no destilaba aires de ayudar a alguien, estaba consciente de que un golpe así podría ser perjudicial, además, estando en la academia, sintió toda la responsabilidad de un adulto, como docente, en atender a algún compañero de labor (que por supuesto, hubiese reconocido) o uno de los alumnos. “Quédese quieto, y respire con tranquilidad. ¿Le duele mucho?” Preguntó lo básico y hasta lo obvio, volviendo a subir para quedarse medio agachado para ver al muchacho que parecía estar escondido. Sintió aquellos sollozos provenir del chico, por lo que no dudó que aquella caída había sido bastante dura, considerando también que la espalda era un sitio delicado “Debería tener cuidado cuando baja las escaleras, pudo haberse matado” sermoneó en un tono frío y bajo, intentando buscar la mirada del contrario, pero encontrándose con el alborotado cabello del otro.
Chasqueo la lengua. Sus dedos deslizaron por aquella mota de enredos para quitarlas del frente del rostro del rubio para despejarle el rostro y así poder mirarlo. “Y con este cabello es aun más propenso a caerse” continuó, colando las manos por su espalda sobándolo un poco. Supuso que debería llevarlo a enfermería, analizó el cuerpo, era bastante delgado y delicado, como el de una mujer. Seguramente no le haría peso llevarlo en sus brazos hasta la enfermería, pero primero debería asegurarse de que levantarlo no le costaría mayor dolor. “Cree poder colgarse de aquí?” Señaló su cuello.
Hans Wilde
Mensaje por Iván Dugès el Sáb Mayo 09, 2015 11:39 am

Re: Accidentes Cotidianos (Priv.Hans Wilde)

Los lamentos de Iván se iban ahogando en un mar de lágrimas. Era primera vez que se había caído de tal forma por una escalera, tan duro y pesado, siendo que era cuan pluma. Maldijo sin querer su torpeza, como también esperaba ver que había resbalado con algo y no con nada. Lo peor de todo es que la espalda le dolía de una forma geográfica, si hubiese sido un muchacho escandaloso seguramente hubiese gritado de tal forma que rompería los vidrios, o algo similar… bueno, no tan exageradamente, pero se entendería. Sus lagrimas se mantuvieron retenidas en sus orbes, su pecho se comprimió pero no respiraba de la forma correcta, de la adecuada, sus pies siguieron removiéndose intentando aguantar el dolor que sentía.
Se la juró bastante que tendría que arrastrarse escaleras abajo para llegar a donde alguien pudiese darle un poco de auxilio, al menos eso hasta que sintió una fría voz provenir desde las escaleras que seguían. Se mantuvo quieto en su sitio, tiritando apenas un poco
– mucho – reiteró con la voz ahogada, a punto de quebrarse como un vaso al caer al suelo. Estaba al borde del llanto, y le era vergonzoso hacerlo delante de cualquiera. Sus dedos apretaron aun más la espalda, la sobaba buscando calmarse –apenas …. Puedo – susurró en una bocanada al descompás de aire. Presentaba un aparente indicio de ataque de pánico o algo similar. No se podía permitir nada, no frente a alguien que no conocía, y podría ser tan cruel de burlarse, como los demás que lo hacían cuando caía.
Iván se hacía de oídos sordos al escuchar las risas ajenas, pero a pesar de intentar convencerse que no pasaba nada, en su corazón pequeño, le dolía ser el objeto de malas carcajadas.
– Lo tuve, lo tuve – replicó mientras buscaba paz en sus palabras, intentando reírse de su propia torpeza, pero aquello fue acompañado de que sintió como las manos del hombre despejaban su rostro, lo que produjo un tercer escalofrío. Las lágrimas terminaron por caer en aparente danza por sus mejillas que antes eran pálidas, y ahora tan rojas como una fresa. – No es por el cabello..e…enserio – intentaba justificarse; por un lado no quería que sus ojos fuesen despejados así como así, lo veían llorar, como también, quería evitar la incomodidad de un comentario, el mismo que le habían repetido por muchos años… que sentían que eran devorados por sus ojos. Y es que Iván no tenía aquella intención, no lo hacía por querer, sólo expresaba las cosas desde el fondo. Sintió un repentino alivio al sentir el sobajeo del que parecía ser, para ese entonces, un superior más que un alumno, lo desconoció por completo.

Retuvo las palabras, así como las lágrimas ya algo más tranquilo, volviendo a respirar en vez de seguir con aquel pánico que solo haría que su rostro ardiese con fiereza a faltas de aire, pero al menos ahora circulaba de forma adecuada. Pero el dolor de la espalda baja continuaba
– S…sí – asintió levemente con la barbilla. Sus pies hicieron un pequeño movimiento para tomar cercanía con el rubio , éste de ojos azules, para así poder llevar sus manos tras el cuello, con cuidado de pasar a llevar sus dedos con los cables de los auriculares – Con cuidado – sollozó cerrando los ojos, a punto de desfallecerse por el dolor persistente del golpe que se llevó


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Mensaje por Hans Wilde el Sáb Mayo 09, 2015 11:41 am

Re: Accidentes Cotidianos (Priv.Hans Wilde)

Las respuestas que le daba el herido eran demasiado bajas, lo que le decía a Hans, casi por propias suposiciones que le dolía bastante, y en parte lo comprendía. “Tranquilícese” pidió en un tono más preciso y casi de orden, sus manos continuaban sobajeando la espalda del rubio para darle un poco más de calma.
“ ¿Cómo que no?” respingó la nariz incrédulo de lo que oyó. Era más que lógico que si se tapaba la visual, podrían ocurrir accidentes. Como el que acababa de ocurrir hace unos segundos.

Aceptó prolongar su ida al salón de profesores para continuar las correcciones, no podía dejar al contrario por su cuenta, no notando que le costaba medio siglo en moverse. Aun así el joven Wilde no se veía del todo fastidiado por la situación. Estaba cooperando.
Cuando sus orbes azules chocaron con las orbes violetas. Sintió un extraño y complejo mareo, una incomodidad en su pecho que hizo que la frialdad en su rostro se quebrace de tal forma, que parpadeo más de una vez, sin desviar la mirada, concentrado en el accidentado “Si le duele no tema en llorar. No le diré nada. Es algo del cuerpo, uno se golpea fuerte, y llora. No le tema” Repuso su tono de voz, como aquel rostro serio olvidándose del asunto, recibiendo al chico de forma que una de sus manos lo tomó por la parte media de la espalda, y la otra por las piernas.
No le fue difícil levantarse por el hecho de que era bastante liviano, además de que se dio un propio apoyo en las escaleras para acomodarlo en forma primordial en su regazo, y una vez teniéndolo con firmeza, ponerse de pie y comenzar el descenso para encontrar el piso de la enfermería. Por un lado se le hacía molesto al hibrido que hubiesen demasiados pasillos, no recordaba con exactitud cómo llegar al primeros auxilio “ Bien. Ya vamos a la enfermería” informó saliendo por una de las puertas al pasillo, cruzando los ventanales con tranquilidad. Llevando como un querubín al herido. “ ¿Cómo se llama?” preguntó luego de unos segundos, únicamente por cortesía.
Hans Wilde
Mensaje por Iván Dugès el Sáb Mayo 09, 2015 11:44 am

Re: Accidentes Cotidianos (Priv.Hans Wilde)

Sentía que había hecho algo realmente malo por el tono con el que el otro le hablaba, demasiado frío para su gusto, hacia querer tener más ganas de llorar. Pero no lo haría. No estaba en un momento sentimental débil, si no físico. Se la aguantaría como todo hombre que era. Iván dejaría de llorar por una estupidez como esa. Había tenido peores caídas y no había recibido ayuda, eso no tenía por qué cambiar; aunque la vez pasada que se resbaló por la humedad del césped en los jardines, fue ayudado por un muchacho de cabellos blancos el cual le había agradado bastante, y en vez de burlarse de él, le ayudó anímicamente, lo consideró en parte un buen amigo, Are, el de la clase Cielo. Tal vez aquella empatía que el contrario sintió era debido a la clase que le correspondía, después de todo, era el rumor que los Cielo eran correspondientes a los futuros líderes. – No quiero... – Masculló haciendo cuenta a la aclaración del contrario, disculpándose internamente con él cuando percibió el quiebre, los ojos. Era evidente, pero decidió mantener silencio, uno sombrío y poco normal en él.

Ante los movimientos sollozó un poco, apretó la quijada aguantándose el dolor que sentía, pero a la vez reconfortado en la especie de cuna de brazos ajenos, sintió nuevamente la vergüenza de verse sostenido como una princesa de cuentos, los mismos que antes de la guerra le leía a sus hermanos menores antes de dormirse. Aquello no pudo evitar que siguiese llorando por la devuelta de un dolor más punzante. Sus manos se retorcieron en el cuello ajeno mientas se acostumbraba a la posición
– Gracias… gracias – susurró miles de veces, considerando de que era mejor ser llevado, antes de ser arrastrado en busca de la enfermería, que por cierto, él tampoco sabía en donde rayos quedaba, porque siempre intentaba ir a su habitación a sanar los raspones que se hacía en las caídas. Le vino un inexplicable miedo al saber que sería su primera vez en un lugar así. – A..ah… yo. – carraspeo un poco, y alejando una de las manos del agarre, se limpió con el borde de la especie de yukata , las mejillas que estaban medio pegajosas por el llanto, y ya comenzaba a sentirse demasiado tensa su piel – Iván Dugés…de la clase Lluvia...y… y usted cómo se llama? – preguntó esperando de la respuesta ajena , volviendo a pasar la mano tras su cuello, sosteniéndose. Luego buscaría alguna forma de darle las gracias a quien le estaba ayudando, sentía que una simple muestra verbal no era completamente suficiente para expresar la gratitud.


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Mensaje por Hans Wilde el Sáb Jun 06, 2015 7:04 pm

Re: Accidentes Cotidianos (Priv.Hans Wilde)

Wilde no acostumbraba ha hacer de buen samaritano por la vida. No estaba familiarizado por aquella sensación de recibir un gracias sincero ni nada por el estilo.
Aquellos ojos que lo habían incomodado, sin duda le eran realmente bellos, pero no diría nada, guardó silencio, mirando al frente, mientras caminaba “ Apenas podía levantarse. Seguro se lesionó gravemente la espalda. No sea Terco.” Aseveró Hans mientras seguía avanzando en el pasillo con el rubio sobre sus brazos.


No era liviano como pluma, pero se lo podía de todas formas.
Se retrasaría un poco en su monótona vida, tampoco había de lo que alarmarse. Después de todo, lo que estaba haciendo no iba contra reglas, estaba perfectamente justificado. Iván Dugès. No le era familiar aquel nombre ni por los codos, significaba que era bastante probable de que no fuese su alumno. El joven Wilde movió los labios con serenidad, y seriedad, siendo bastante neutral, pero a la vez fresco en su fino hablar “ Hans Wilde. “ Respondió en ese mismo tono tan… desagradable para los oídos, hablando cuan funcionario de funeraria.

En su cuello, podía sentir aquel tímido agarre de manos, era una piel suave, a pesar de ser un varón. Más que molesto, esa sensación le fue de agrado.

En uno de los pasillos, miró hacia los lados ¿Dónde debería de doblar?. Aun no sabía con exactitud donde se encontraba la enfermería, en parte, era un problema.
Podría sostener al estudiante por un buen tiempo, pero no sería eterno “Entonces, ¿cómo se supone que terminó cayendo escalera abajo?” preguntó luego, evitando dejar esas lagunas de silencio. No quería incomodar al chico.
Hans Wilde
Mensaje por Iván Dugès el Miér Jul 22, 2015 8:05 pm

Re: Accidentes Cotidianos (Priv.Hans Wilde)

Cerró sus ojos, respiró. Se tranquilizó en un desvanecido llanto, acurrucado contra aquel pecho, ese aroma, ese sitio tan tibiesito. Sonrió con evidente tontería, ocultando sus violáceas orbes tras las hileras rubias de cabello, sus manos apenas se retorcían un poco entre ellas, jugando con los dedos propios, de veces, pasando a llevar los rizados cabellos del profesor que lo cargaba como… cierto, una princesa.
Carraspeo un poquito más haciendo trompa con los labios, medio frustrado por la idea de parecer princesita de cuentos
– No me gusta ir a la enfermería – se excusó en un tono infantil, enfocando la mirada por el pasillo que recorrían. No se acordaba de haber pasado por ahí en alguna ocasión, la verdad, todos les eran realmente iguales, era fácil que se confundiese con el tamaño de la Academia, era fácil verlo perdido, desorientado. Sólo sabía algunos caminos, el de los salones, a los dormitorios, baños, a la cafetería, y hacia el exterior, por los jardines. Otorgó una amplia y luminosa sonrisa al mayor al escuchar su nombre – Es un gusto – dijo en un tono dulce, sin quererlo, completamente natural. – Es el mismo apellido de quién escribió el Fantasma de Canterville ó El Retrato de Dorian Gray – comentó después de pensar un poco en la literatura inglés.
Era cuestión de cultura general saber sobre escritores de diversas nacionalidades en otros idiomas, después de todo, siempre los libros eran traducidos. En su caso, había leído variadas obras no sólo de ingleses, si no de escritores hispanos, portugueses, asiáticos. Obviamente, traducidos a su lengua franca.
– Tiene usted algún parentesco? – se atrevió a preguntar ido en aquella mera idea.
También pudo haber sido coincidencia lo de los apellidos, pero nunca estaba de más preguntar para deshacerse de aquella pequeña duda existencial que le había surgido. Tampoco es que les haya encontrado demasiada similitud física a ambos.
Tras serle recordado el accidente, puso una mueca, no realmente gustosa
– Ya se lo dije. Iba bajando, y resbalé. Soy torpe, ya me es costumbre. He vivido cayéndome y cayéndome. He tenido peores caídas que ésta – replicaba medio agotado –Y … y mi cabello no es una excusa – se justificaba un poco, a voz alta.
Luego guardó silencio, nuevamente cuan tomate rojo, no quería faltarle el respeto alzando tanto la voz
– ….p…perdone – susurró después.


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Mensaje por Hans Wilde el Miér Jul 22, 2015 8:16 pm

Re: Accidentes Cotidianos (Priv.Hans Wilde)

Los pasos de Wilde se detuvieron al doblar, tomó un respiro, analizando el lugar intentando percibir algún olor a enfermería, alcohol, vendajes, lo que fuese. “A todos los niños no le gusta ir” respondió después.
Habían excepciones, pero hasta a algunos adultos le era abominable entrar en una enfermería, o hasta ir al dentista.

No era la gran cosa, encontraba exageradamente ridículo asustarse por tales cosas “No se preocupe. No le sacarán ningún órgano de su lugar” se burló en silencio apenas. Ni siquiera se sintió mal consigo mismo por mofarse a sus espaldas. Igual seguro ni entendería.

Las manos que sentía en su nuca, las suaves, las sintió por sus cabellos. Le fue una sensación agradable, grata, de un extraño cariño. Cerró los ojos como cuando a alguien le gustan los mimos, iba a suspirar, pero se abnegó en cuanto se dio cuenta que debería de reanudar el paso “No es el primero que me lo pregunta” comenzó.
No solía contar demasiadas cosas, pero al menos ahora era alguien más sociable y conversador. Todo gracias a las influencias. “No tengo parentesco alguno con el señor Wilde, a mis sabiendas.” Respondió con tal sencillez que ni siquiera consideró necesario profundizar en el tema.
Asintió.

No era fanático de aquel autor, pero sí había leído algunas obras de él.
Hans mostró los colmillos con levedad, siendo algo de una mera costumbre, no quería demostrarse arisco, pero tampoco el método de respuesta le había sido de su agrado. Pero no se sintió realmente ofendido. Sí molesto, pero no ofendido. “Ya. No es necesario” soltó cortante, esta vez no lo observó. Sólo siguió adelante “Tendrá más cuidado. Dudo que tendrá la fortuna en volver a encontrar a alguien que lo cargue.”
Hans Wilde
Mensaje por Iván Dugès el Miér Jul 22, 2015 8:23 pm

Re: Accidentes Cotidianos (Priv.Hans Wilde)

¡¿Le habían dicho niño?!. Hasta él se sentía ofendido con aquel sufijo tan inapropiado!. Iván Dugès ya no tenía pinta de niño en lo absoluto!, era bastante alto, tenía un cuerpo de joven. Era netamente confundible con cualquier adulto!. – Oiga, que sea un estudiante no me transforma en un niño – se quejó en un tono suavesito, respetuoso, intentando no parecer un chiquillo de poca educación.
El dolor de la espalda persistía, como puntadas de aguja contra su piel, como pequeñas corrientes que lo alteraban de tal forma que de veces pegaba uno que otro pequeño saltito en los brazos de Hans Wilde.
– Y no es temor tampoco. Simplemente la enfermería no me agrada demasiado ¿O a caso a usted no le parece poco confortable estar en un cuarto blanco, con varias camillas, siendo espectador de varias vitrinas con medicaciones y artefactos raros? – él no quería, pero fue bastante cómico su tono de voz, aniñado, sin quererlo. ¡Era más que lógico que lo tratarían como a un niño cualquiera!.

A esas alturas Iván se sentía poco más que avergonzado por sus actuares, en primera, se cayó de las escaleras y no pudo moverse, un profesor tuvo que alzarlo y llevarlo al estilo princesa, segundo, estaba llorando, tercero, estaba demasiado sonrojado, cuarto, sentía que había faltado el respeto al superior, quinto, estaba siendo tratado como un niño, sexto, estaba actuando como uno.
De no ser que aun le dolía bastante la espalda, seguramente se había levantado para irse a encerrar a su cuarto y lamentarse por la escena que había hecho
– Disculpe. – soltó en un tono un poco más honesto, sintiéndose como la peor persona, como cuando un niño se manda una bien grande, y cargan con todo.

Sin pensarlo dos veces, algo molesto, además, jaló del cuello del profesor, cercano a la corbata, en un gesto de atención
– Puede bajarme, profesor Wilde – pidió en un tono sombrío, como de arrepentido, haciendo un desquite por el mentón – Encontraré la enfermería – repuso al poco tiempo – No quiero darle problemas – terminó de explicar, bajando las piernas con sumo cuidado de no dar ningún movimiento en falso.


Última edición por Iván Dugès el Miér Jul 22, 2015 8:26 pm, editado 1 vez


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Mensaje por Hans Wilde el Miér Jul 22, 2015 8:25 pm

Re: Accidentes Cotidianos (Priv.Hans Wilde)

Demasiada palabrería. Hans se estaba hartando de tener que responder a toda pregunta, o a cada palabra que el otro desbocaba sólo por el hecho de ser un hombre educado.

Guardó silencio, limitando su lenguaje a uno expresivo, o alzaba un poco las cejas asintiendo con la barbilla, o hacia una pequeña encogida de hombros, siendo cuidadoso de no soltar al alumno herido de la espalda.

Wilde era un poco perseverante, había tenido como objetivo ir y dejar al muchacho en la enfermería, cuidarlo unos segundos y marcharse, como profesor ejemplar. Eso lo animo a seguir doblando, buscando, deteniéndose por los pasillos del instituto, sin éxito, claro estaba. Sentía que estaba lejos de la enfermería, pero no sentía olores que pudiesen guiarlo siquiera. Y casualmente, por cosas de la misteriosa y malagradecida vida, no había visto a nadie, ni una sola alma rondar por tal de pedir una indicación.

Le era molesto. “¿Seguro?” Sus cejas se alzaron, sus azulinas orbes golpearon el rostro ajeno, con esa indiferencia tan helada, que sólo aparentaba.
La insistencia logró que hacer que desistiera de cargarlo. Sabiendo que seguramente el muchacho moriría retorciéndose como pez fuera del agua en cuanto tocasen sus pies el cielo, algo por el estilo “Fine.” Sin mostrar problemática alguna, lo bajó de sus brazos de forma delicada, no optaría por una brutalidad sin sentido.
Lo ayudó a recargarse contra una de las paredes. Se arregló la ropa, lo miró por unos segundos, y dio media vuelta retornando al pasillo que lo llevaría al principal, encontrar las varias conexiones y seguir descendiendo por las escaleras.
Hans Wilde
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Re: Accidentes Cotidianos (Priv.Hans Wilde)

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