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Mensaje por Iván Dugès el Sáb Ago 08, 2015 7:59 pm

La Mariposa que te persigue (Priv. Hans Wilde)

¿Cuánto había pasado? ¿Días, semanas, meses?. Iván no estaba del todo seguro cuánto había pasado desde la vez que había asistido a la enfermería, por su cuenta, y no arrastrado a la fuerza. Si bien tenía un gran pavor contra aquello, era incapaz de acordarse mucho de aquel día. De aquel profesor que lo había ayudado.
En todo aquel lapsus de tiempo, el alumno sí que había sufrido más accidentes, tropezones en el césped, en el cemento, en el gimnasio… por un mísero y poco pulcro charco de agua. Pero claramente no había ido a tal horroroso lugar. Solo… intentaba. Solo… estaba intentando ver si es que aquel profesor lo volvería ayudar.

Por lo tímido que era, no era lo suficientemente valiente como para presentarse a salón de profesores a preguntar por él, o mucho menos a alguno de los salones para ver de quién se trataba. Le daba vergüenza, porque ni siquiera estaba completamente seguro de qué le podría decir, quería primero darle las gracias por cargarlo, pero el sólo hecho de pensar de que fue tomado con tanto cuidado, y que además, se acurrucó su pecho en busca de ese calor tan reconfortante. ¡Se estaba poniendo rojo ahora mismo, mientras observaba como algunos alumnos jugaban fútbol en las canchas!.  De inmediato agitó las mangas de aquella yukata contra sus mejillas, sus pómulos, observando el suelo tras esa fina capa de cabellos de oro.

Se suponía que estaba un poco molesto con Hans. Lo había llamado niño. Y él no lo era. Ni se acercaba. Al menos no por su físico, era algo, tenía músculos, no envidiables, pero tampoco se quedaba atrás en comparación de sus compañeros. Pero su actuar era bastante infantil, no lo aceptaba. Es más, le molestaba que creyesen que era un crío, porque él no lo era. Podría ser infantil, sí, pero siempre reconocía los momentos de seriedad, paz, tranquilidad. Solía sonreír bastante, reír. Todo con aquellos trozos de alegría que lo caracterizaban. Tal vez esa misma dulzura hacía parecer más infante que lo de costumbre
– Cómo sea. Creo que no lo volveré a ver. – susurró con frustración, bajando de las graderías para dar una ultima observaba el partido. Dio un paso, y paft. Al suelo.
Cayó en cuatro, se raspó un poco las rodillas, pero de inmediato se incorporó limpiándolas con las manos, le ardían las palmas, además, puesto que también se ayudó en amortiguar todo su peso contra el cemento. Pero le daba igual, total,  era costumbre comprar terreno todo y cada uno de los días de su vida. Y no dudaba que así lo fuese hasta que muriera. Tal vez no lo matarían, tal vez no moriría de una enfermedad o algo similar. Tal vez moriría únicamente porque se cayó. Era un poco insólito. En verdad.

Siguió su camino por los jardines, disfrutando del pequeño calor que le brindaban los rayos de la primavera. De la estación donde las flores dejaban ver todos su bellos colores. Se adentró apenas un poco más por aquel sitio, pasando por entre los rosales, los lirios, las orquídeas, deleitándose por esos dulces aromas.
Iván Dugès
Mensaje por Hans Wilde el Dom Sep 06, 2015 12:13 pm

Re: La Mariposa que te persigue (Priv. Hans Wilde)

Para Hans Wilde las vacaciones habían comenzado. Las de verano.
Eran prolongadas, excesivamente largas. Lo bueno es que no estaría con muchas tareas. Lo malo es que le sobraría demasiado tiempo, no tendría lo que hacer. Le era ligeramente molesto, pero de algo tendría que entretenerse ¿No?.

Ah. También le molestaba el calor del día, el sol. Todo eso. Pero tampoco le era intolerable. Sí. Muchos peros… Entonces, el rubio se deshizo del abrigo que utilizaba en sus horas laborales, esta vez ocupó la gabardina negra, normal. Y comenzó una caminata escuchando a Chopin. Un extendido compilado de aquel sujeto. Le era imposible desligarse de la música.

Pensó en buscar alguno de sus conocidos, a ver si es que comerían algo, o intentaría entablar una charla amena. Pero desistió de la idea, creyendo que ellos también necesitaban de sus espacios de relajación. Claro, su profesor en jefe seguramente estaría pasando el tiempo con sus hijas. Su “amigo”, seguramente estaría pasando tiempo de caridad con el “lobo”. De la musa de blanco nada sabía, tampoco consideró apropiado de frecuentar a una alumna. Luego todo se liaría, y Wilde no estaba dispuesto a aguantar calumnias.

Lo único que le quedaba era andar vagando por los sitios que conocía. Tal vez se dignaría a buscar un mejor lugar, uno nuevo.

Como siempre iba con aquel gesto tan serio, tan frío y desinteresado. Sus ojos brillaban gracias al sol, gracias al descanso, sus colmillos se apreciaban presionando ligeramente sus labios. Su pecho se inflaba un poco cada que respiraba. . . Hans estaba bastante aburrido.
Ya iba recorriendo el jardín de flores, las suelas de sus zapatos sonaban bastante fuerte contra el camino de piedras, como cuando se sentía venir una mujer con tacones. Pero el sonido, lógicamente, era distinto.


Siquiera le prestó atención si había alguien más por los páramos. Tampoco le importaba acercarse a hablar con desconocidos, él era demasiado arisco para esas cosas, era el menos apropiado. Tampoco ahuyentaría a quien se le acercase. No al menos consiente
Hans Wilde
Mensaje por Iván Dugès el Vie Oct 16, 2015 3:09 pm

Re: La Mariposa que te persigue (Priv. Hans Wilde)

El ángel se detuvo por un tiempo bastante largo entre las flores, acariciando los suaves pétalos de estas mismas, jugando de vez en cuando con algunas de las abejas que iban a posarse en ellas mismas, o con las bonitas mariposas, las cuales, este año, parecieron tener colores mucho más llamativos y bonitos, muchas más que las del año anterior, y de las que lograba recordar.
Estaba jugueteando con aquellos pequeños seres, los cuales, de un momento a otro se marcharon, no obstante, una pequeña mariposa quedó revoloteando a la cercanía.
Pero esta misma, inquieta, continuó su camino por el sendero, e Iván, indiscutiblemente se dispuso a seguir al insecto volador, sin intenciones de atraparla o hacerle alguna especie de daño, para nada, era completamente incapaz como por hacer algo así.
– Espera – masculló intentando seguirle el paso, pero cuanto menos lo esperaba había chocado con un cuerpo. Por la espalda de éste.
No logró caerse, pero sí se había llevado un buen golpecito por la frente. Se sobó con las mangas
– Ah, disculpe, no era mi intención – susurró en un tono evidente de arrepentimiento, pero cuando ya se había dado cuenta, era el profesor Hans, el que hace días le había cargado con intenciones de ir a la enfermería.

Sus mejillas se encendieron un poquito, y se puso delante de él agachándose un poco, se sentía avergonzado por haberle chocado, eso, y además por no tener la cortesía adecuada para despedirse aquella anterior vez.
– Disculpe profesor Hans – reiteró en un tono de voz un poco más audible que el anterior, sobándose las manos con un evidente gesto nervioso – Le molesta si le hago compañía? –preguntó en un susurro, con sus mejillas bien coloradas.
Iván Dugès
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Re: La Mariposa que te persigue (Priv. Hans Wilde)

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