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Mensaje por Elizabeth Rumsfeld el Sáb Abr 04, 2015 7:07 pm

Antiguos recuerdos, promesas, y demás (Priv.Stear)

El semblante de la muchacha estaba más inexpresivo de lo usual, más muerto, más triste y nostálgico. Había dejado de dar clases por un tiempo, sumida en sus pensamientos, fue un prolongado periodo lleno de meditación, la guerra había afectado mucho a su persona y las situaciones que se presentaron cuando llegó a la cúpula empeoró la situación.
Pero la joven Beth sentía que ya era el momento de enfrentar todo, sus temores primordialmente. No podía seguir viviendo con todas aquellas dudas, no podía seguir viviendo en un pasado que sabía que no volvería. Sin duda le daba tristeza pensar en aquellos lindos días en que pasaba en el ducado Rumsfeld, disfrutando de las flores, de los amaneceres, atardeceres, de las fiestas, de los bailes. De las noches junto a la chimenea, leyendo algún libro, comiendo algún pastel. – No llores, Beth, no vale la pena – se decía así misma en esos momentos débiles.

Pero esos momentos no eran hoy, no eran ahora. En estos momentos aquella silueta de mujer se paseaba por los pasillos iluminados por el atardecer, su vestido siempre era abultado, estilo victoriano, sus zapatos de tacón alto resonaban a cada pisada que daba. Su espalda recta, el pecho inflando con levedad, la barbilla en alto, y la mirada perdida al fondo del pasillo, el cual desembocada en el salón principal.
Entró observando el bonito decorado del salón, dio una vuelta completa extendiendo las manos suspirando intranquila, buscaba la silueta del albino pero era incapaz de encontrarla – Sería el colmo que llegaras tarde – soltó a voz alta, haciendo eco por el vacío del salón. Se sintió pequeña. Mordió sus labios, apretó su falta, buscaba paz interior, el coraje para no llorar, o irse corriendo por dónde vino. Esperaba la respuesta verbal del sujeto. Sentía aquella presencia debido a las mismas vibraciones de la tierra.
Elizabeth Rumsfeld
Mensaje por Alistear el Dom Abr 05, 2015 12:02 pm

Re: Antiguos recuerdos, promesas, y demás (Priv.Stear)

El salón daba la espera de cualquier invitado a llegar; no obstante a aquellas horas de la noche era poco probable de que alguien más apareciese metiendo sus narices en la situación. A todas formas, un poco antes de la hora de encuentro comencé a rondar por los alrededores a ver si alguien quedaba, no había presencia de ningún alumno, profesor o vigilante en especial. Quería decir que sería una noche en la simple compañía de la señorita Rumsfeld.

Aun así todo era una situación poco más incómoda. Insistencia, recuerdos y sacadas en cara por parte de ambas partes. ¿Acaso esta era una broma de mal gusto?. Obviamente estaba alegre de que la señorita hubiese vuelto a dar señales de vida, pero era la situación en especial que hacía que se quitaran las ganas de siquiera verla. ¿Y cómo no?. Por variados años adoré a aquella mujer, me crié junto a ella desde que tenía memorias, estuve en el regazo tibio de su madre, acariciado por las manos de su abuela; a mi correspondencia, tendría que velar por la seguridad de la última descendiente del ducado Rumsfeld, y eso pretendía hacer, pero las exigencias ya no estaban entre mis manos .

Oh, Stear, insinúas que ya no eres su sirviente; que pillo, qué desgraciado y desconsiderado, muerdes la mano que te había dado de comer durante un largo periodo, no eres capaz de cumplir con la promesa que has dejado, absolutamente nada. Valla mierda. Siquiera yo era capaz de asimilar correctamente la situación. Más que contento o triste, estaba enfadado. Conmigo mismo, con ella, con la guerra, las situaciones dadas. Pero, a pesar de todo, no me había arrepentido de nada en lo absoluto. De las faltas de palabras, perdidas de confianzas, los grandes tropezones , caídas al suelo, levantadas, apoyo, lagrimas, risas, tristeza, enfado, nostalgia, melancolía , éxtasis, emoción , amor, desengaño, traición, deslealtad, confianzas. Todo aquello era un grano de más en la historia de cualquiera. Una vida llena de dramatismo, en donde cualquiera podría ser el bueno y podría ser el malo. Algo hundido en la conveniencia.

El sonido de los tacones avanzar por el salón avivó mis sentidos, estaba descansando en uno de los bordes de la ventana, recargado en el pilar observando las estrellas a esas alturas. Solté un suspiro, aquella fragancia que emanaba la chica era sin duda la misma de siempre, tan dulce, pero tan amarga
– No se preocupe, señorita Elizabeth. He llegado anticipadamente para ahorrarle la espera – De un ligero salto saldría del borde del ventanal, caminando hasta donde la joven se encontrase. La observé por un largo instante, seguía teniendo aquel mismo rostro de niña pequeña llorona, aquel mismo que conocía muy bien, pero que ahora tenía algunas ganas de olvidar.
Tal vez era mejor olvidar el pasado y seguir con un nuevo presente; tal vez, era innecesario sacar a esa mujer de mi vida, al contrario, incluirla, tratarla como siempre, pero no pasándose del límite. Después de todo el trío ya estaba completo, Reim, Beth, y Stear. Era una lástima que él no estuviese incluido entre tal problema
– Tan bella y fresca como siempre. – Murmuré en un tono dulce y empalagoso, caballero, otorgando una exagerada reverencia, tomando su mano con cuidado, besándole los nudillos con delicadeza. Consecutivamente volvería a tomar distancia, esbozando sin más ni menos una sonrisa ladina





Thxnks Eli <3

Yo, si fallas en mis clases:

y lo cotidiano:



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Alistear
Mensaje por Elizabeth Rumsfeld el Vie Abr 24, 2015 8:09 pm

Re: Antiguos recuerdos, promesas, y demás (Priv.Stear)

La silueta prontamente se dejaría ver por uno de los extremos del salón. La luz que llegaba era tan deliciosa que podía verse ambas sombras de frentes. La muchacha tragó saliva con lentitud, medio nerviosa, casi histérica. Pero no podría perder el control por simples sentimientos y emociones resguardadas, después de todo, el tiempo había pasado. Era algo que no podría seguir discutiendo como antes. Odió haberse tomado un largo descanso, antes pudo tener todo el derecho, el cual ahora, había perdido.

Sintió aquel choque eléctrico recorrer la espalda en cuanto lo sintió tan cerca – Qué puntual de tu parte – murmuró con delicadeza, sus ojos se entrecerraron un poco, pudiendo ver aquel rostro que por mucho tiempo adoró. La joven otorgó una risa agraciada, se sentía media mareada ante aquel pequeño beso sobre sus nudillos, era como una especie de sueño del cual no querría despertar. Sumamente delicada, acaricio su mano besada, mientras la bajada a la altura del regazo – Gracias, caballero – respondió con aquel rosado acostumbrado en sus mejillas. Dio un paso atrás, respondiendo con una reverencia tomando su vestido. Contenía las lágrimas – No has cambiado en nada, Stear – comentó mientras avanzaba por el salón. Hizo un ademan con la mano para que le siguiese.

Tomaba su vestido con sumo cuidado mientras caminaba, disfrutando del pequeño paseo repasando el discurso que tenía planeado – Supongo que ambos sabemos el por qué estamos aquí ¿No? – preguntó aun con ese tono tan dulce y tranquilo que le caracterizaba. Rogó a su madre ya su abuela que le diese el valor. Tenía que cerrar con llave el pequeño cofre de los recuerdos. Aunque admitía que gustaba recordar los buenos momentos – No pretendo hacer lo mismo que hice antes, reclamarte, ni nada que tenga que ver con ello. Sólo quiero aclarar las cosas, mis dudas, necesito cerrar el pequeño ciclo. Aun no asimilo que estamos vivos… aun extraño a mi madre, a mi abuela… a nuestro hogar en Inglaterra ¿Tú no los echas de menos? – preguntó volteándose con brusquedad para darle la cara. El vestido ante aquel movimiento se levantó con cuidado, junto con los vuelos, dando esa escena típica del dramatismo. Sus cabellos danzaron con la pequeña brisa, pero tanto sus ropas como su pelo no tardaron en acomodarse por sí solos. – Hace meses asumí el hecho de que nuestra relación, como la de antes, no es la misma. El tiempo, la distancia, los hechos. Haz formado tu vida, estás en tu derecho hasta de incluirme o excluirme de ella. No obstante, no quiero parecer que me estoy arrastrando, más bien, quiero volver a recuperar al hombre que siempre me acompañó en los malos momentos, el que siempre me sacaba de quicio cuando se escapaba en sus buenos años. El que me protegía de las malas lenguas y las malas manos. El mismo que me daba las buenas noches. Aquel Harrison que me gritó con crueldad cuando llegó al ducado, el que me hizo llorar, pero luego de poco tiempo, logró hacer que lo adorara como persona, como hombre, como un amor platónico. Como un padre, pero a la ver hermano mayor – murmuró. Sintió como sus ojos se llenaron de lágrimas.
Elizabeth sonrió para sí misma, sintiéndose un poco patética ante la escena. Elevó una de sus manos con un pequeño pañuelo de seda para limpiarse el rostro, así no sería tan evidente que estaba llorando una vez de retornar a sus habitaciones, pero sabía que aquel mar podría acrecentarse y demostrarse con furia. Nada le quitaba que era una llorona. Era la misma de siempre, solo que un poco más seria, y no tan mimada como antes lo era. – No sería lindo volver a esos días? – susurró mientras continuaba su laborioso trabajo de secarse las lágrimas.

Desvió la mirada hacia la luz de la luna, el sitio era tan bello. Se mordió los labios, carraspeo la garganta, en intentos de volver a recuperarse. No siguió llorando, pero era evidente la nostalgia que cargaba consigo – every time you kissed me… i trembled like a child. Gathering the roses, we sung for the hope – la misma letra se le presentó por la mente. No resistió el impulso, se acercó al hombre albino. Una de sus manos buscó su hombro, otra, su mano, y tras haberse posicionado, cerró los ojos, recargando la frente en su pecho – Your very voice is my heartbeat. Sweeter than my dream . We were there, in everlasting Bloom – susurró de forma entonada, esperando un primer movimiento, un gesto de danza.
Elizabeth Rumsfeld
Mensaje por Alistear el Sáb Abr 25, 2015 11:48 am

Re: Antiguos recuerdos, promesas, y demás (Priv.Stear)

La compostura de la menor no era nada más ni menos que adorable. ¿Cuántos años ya habían pasado?. A memorias, la joven Beth no era más que una niñita pequeña, aquella misma que insistía tanto con sus caprichos, los conseguía y se mostraba sumamente agradecía. Fue uno de los mejores obsequios poder haber sido testigo de cómo una niña se transformaba, paso a paso, en una mujer completamente madura.

No faltaron aquellas escenas en la cuales parecía estar fuera de casillas, luego de que su madre había fallecido, la joven Rumsfeld había adoptado casi las mismas características de su propia madre, todo por la misma influencia de su abuela. Esas tres mujeres eran tan similares, pero a la vez, tan distintas
– No me veía capaz de pasar de la hora – comenté tras una larga sonrisa, el vestido que la castaña traía consigo era igual de encantador.
Quizá más tarde le diría a las niñas que le hiciesen uno nuevos, más bello, más coloridos, o tal vez una especie de uniforme para cuando diese las clases. Igual, la chiquilla era bastante baja, y con tal vestido voluminoso era sencillo confundirla con una alumna. A la misma dicha, torcería apenas un poco la boca
–En lo que me respecta, creo que he cambiado un poco. No al menos, físicamente – agregué disimulando una pasada de mirada alrededor, intentando no persuadir demasiado a la menor con la mirada.
Sí, estaba bastante relajado ante la situación, aunque, hasta a mí se me hacía triste aquel desenlace de una prolongada relación de amo-sirviente, como también la misma de hermandad, fraternidad… Asentí levemente con el rostro
– Of course, my lady. Es el mismo tema que hemos tratado de solucionar hace bastante tiempo – respondí con obviedad y naturalidad.
Por otro lado se hacía bastante fastidioso tener que tocar la misma herida con la sal reiteradas veces. Dolía, lo admitía, sí. Pero algún día todo tendría que terminar, dejar que la misma abertura cerrase con el tiempo, por sí sola, y se cuidase para que nunca más en la vida se volviese abrir para expresar el dolor.

Seguiría a la profesora a un paso lento, mucho más lento del que ella estaba caminando por tal de no llevar una distancia tan considerada para platicar, puesto que si la voz se alzaba demasiado, era más que obvio que el eco resonaría por todo el salón. Y se suponía que era un tema sumamente privado.


Parpadee con lentitud. Parecía que de su boca comenzara a emanar distintos recuerdos y memorias. Era más que obvio que echaba de menos aquellos paisajes de Inglaterra, lo pintoresco que traía consigo aquel lugar, los bellos paisajes de Oxford, de Londres , de Liverpool, y bueno, habíamos recorrido en los buenos tiempos gran parte del país. No fue fácil, a mi parecer, para nadie acostumbrarse estar encerrado en ésta especie de terrario, la cúpula. A comienzos se parecía hasta algo escalofriante que algo así pudo haberse hecho, una especie de ciudadela flotando por los aires de lo que antes era conocido como tierra, y ahora, como Caos
– Claro que extraño el pasado, Beth – respondí apretando levemente la mandíbula. Era uno de los temas que detestaba tocar – Extraño poder recorrer todo el mundo, tomarme mi tiempo, las caras que antes conocía, a veces, también las echo de menos. La mansión, los sirvientes. Me es extraño que me preguntes aquellas cosas. Puesto que, tu misma atestiguaste cómo adoraba vivir bajo el techo de las damas Rumsfeld. Y no sólo aquello, la vida en general. – respondí en un tono bastante pasivo y suave, algo molesto, pero no dejé que una carga de ira se colara por mis propios labios. Era un tema delicado. – Pero eso ya es el pasado. Desde que pisé éste lugar, todo dio mil vueltas. No tuve la oportunidad, la calma para decirte todo lo que pasó en cuestión de meses. En un comienzo todo fue sumamente extraño, no conocía a ninguna sola persona, era como una pieza incorrecta del rompecabezas, y más de alguno tuvo que haberse sentido tan ajeno a ésta cúpula. ¿Es irónico que haya terminado siendo profesor aquí?. Aun no le veo sentido ser catalogado como uno de los docentes. Detestaba mi trabajo, sólo lo ejercía para hacer algo en tal aburrido lugar. – expliqué , sacando del bolsillo el par de guantes blancos que mantenía en casa guardados en un pequeño cofre, junto algunas antiguas fotografías, antiguas cartas, los mismos pendientes que se utilizaban en el ducado, como también en la casa de la sociedad – Pero luego, conocí a una adorable muchacha. Una estudiante, la señorita Elissa. Fue mi primera amiga en éste lugar, puedo decirte hasta que, me enamoré de ella, no obstante, de esa relación no salió nada más que una buena confidente, una hija para mí. Es innecesario contarte sobre quien consideré, hasta ahora, a quien me hizo salir de ciertas rutinas, creo nuevas costumbres y sacó cosas que nunca pensé que se podrían; Gilbert sigue siendo especial, a pesar que han transcurrido ¿meses?... de que ni siquiera le he visto la nariz. Por otro lado, también considero bastante importante la familia. Es sorprendente como un señor de cabellos blancos de mala fama, pudo dejar tanta cría suelta. Y ser reunidos gracias a la medio esfera del señor Vongola – suspiré a ciertas nostalgias.

Y quedaba corto, quedaba corto porque, perfectamente pude haber mencionado a varias personas que fueron pequeñas marcas. ¿Acaso estaba volviendo al sentimentalismo sólo por una sencilla charla?. Tal vez sí, pero en aquella intimidad era de lo más normal, aunque era tan extraño revelar ciertas cosas, que hasta un nudo se formaba en el estómago, subiendo en un latente ardor hasta la garganta
– Ahora hasta adoro mi trabajo – aclaré, cuidadosamente asegurándome de que los guantes estuviesen bien puestos en mis manos, observando a la muchacha desde la corta lejanía, y escasa cercanía.

Era todo como un mar de sentimientos, nostalgias. Parecía que todo indicaría volver a recaer en la especie de agujero melancólico. Era extraño.
– Siempre he estado disponible ante ti, Elizabeth – respondí marcando un tanto la voz, cerrando el ojo, buscando calma y las palabras perfectas para explicarle todo con sumo cuidado de no dañar sus frágiles, aparentes, sentimientos – Nunca pensé en alguna vez excluirte o algo parecido. Parecía ser que sí, pero recuerda que primero te di por Muerta. Lo siento si estoy siendo demasiado sincero, pero la verdad es que cuando recaí en la idea de que ya no te habías salvado, no quedaba otra que afrontar el hecho de que me desligaba de ti, al menos, físicamente. Tengo varios retratos tuyos, cartas y algunas cosas guardadas en casa ¿Por quién me tomar para haberte olvidado?. Siempre fuiste tú quien me otorgaba agradables sonrisas. Tal vez no fui, y no soy capaz de corresponderte los sentimientos de amor, no soy quien esperas, y nada puede cambiar aquello. Pero para mí siempre fuiste mi pequeña hermana. También una de mis hijas, unas de todo un reducido grupo, lo que me preocupa es que no sepas diferenciar uno de lo otro, supongo que está bien que ahora lo comiences a asimilar con cuidado. Pero nunca me has perdido – di como cierta sentencia, algo incómodo por la misma atmosfera que se estaba creando.

Esperé un tiempo a su respuesta, en cabeza fría más que hirviendo, pero de todos modos deseaba cortar la situación. Lo que contradecía el trato que tenía con la chica. Nunca la trataría mal, como un despojo o estorbo. Ya era evidente que la muchacha estaba llorando. Era algo de costumbre en ella, aun lo recordaba, pero detestaba verla así, llorar por cosas que ya no tienen caso.
– Beth – susurré intentando acogerla en los brazos, más la chica se adelantó, posicionando aquella compostura de… ¿baile?. Tragué saliva con levedad, sintiendo la frente sobre mi pecho… y aquel dulce murmuro, ese dulce canto …. – Sabes que no soy bueno danzando – expliqué bajando un tanto los hombros, estirando el cuello en busca de algo de paz.
Si bien podría recordar, aquel verso era de Lacie . Una bonita canción , sin duda. Supondría entonces, que sería una especie de vals.
Tal vez había mentido un poco, después de todo, quien sería mi ‘actual pareja de baile’ por así decirlo, era la estudiante de niebla. A suertes no le pisé en ningún momento los pies. Con la mano libre acerqué apenas un poco desde la cintura a Elizabeth, espalda erguida, comenzando con los pequeños pasos. Algo desconforme.
– Roses die, the secret is inside in the pain, Winds are high up on the hill…I cannot hear you , come and hold me close…. I'm shivering, cold in the heart of rain …. Darkness falls, i'm calling for the dawn –





Thxnks Eli <3

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Re: Antiguos recuerdos, promesas, y demás (Priv.Stear)

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