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Mensaje por Natasha Diatlov el Lun Ene 26, 2015 11:25 am

Death and Rebirth [Priv: Shira Assad]


 
Death and Rebirth

 
El viento presuntamente cálido movía con ligereza los largos cabellos rosáceos de la asesina, quien mantenía la mirada fija en el frente, asertiva, avasallante, con claros atisbos de dureza en la misma tras haber terminado con cierto encargo. A cada paso que daba podía notarse la seguridad indestructible de una mujer que ya nada tenía para perder tras el apocalipsis que había masacrado a todos sus seres queridos. Tras un tiempo de llorar desgarradoramente, preguntarse porque y maldecir al mismo Dios en el cual ella había dejado ya de creer, optó por tomar un nuevo rumbo desde que había sido mandada a llamar para ejercer como asesina a nada más ni nada menos que para sus señores en la cúpula, aquellos hombres que jamás traicionaría y por los que estaría subyugada por deseo propio, a modo de agradecimiento en parte.

Su andar seguro y sensual quizás no pasaba desapercibido por los seres ocultos que allí se encontraban, algo que a la ninfa le daba absolutamente igual. Ya había cumplido con lo suyo, exterminar a un renegado que solía frecuentar la cúpula para herir a algunos estudiantes o profesores. Ese metamorfo siempre terminaba huyendo, por lo que en este preciso instante, cansada de perseguirlo cual sabueso, decidió esperarlo en su propio territorio tras un par de semanas de haberlo rastrearlo con justa precisión. La orden de su superior había sido clara y concisa, asesinarlo. Natasha estaría mintiendo vilmente si dijera que sintió algún tipo de remordimiento, por el contrario, su mano jamás temblaba cuando debía acabar con la vida de algún bastardo como esos que solo conseguían poner en peligro el único sitio considerado como paraíso tras el desastre de la guerra. La cúpula.

Llevaba puesto un short de color negro, que dejaba al descubierto las hermosas piernas que la ninfa poseía y por ende vislumbraba el detalle de su tan preciada daga sujeta al muslo izquierdo por correas dobles. Una capa del mismo color casi rozaba el suelo y cubría partes del cuerpo de la chica, mecida de igual modo con cierta ligereza por el viento cálido que de tanto en tanto soplaba por aquel sector. Elevó la vista al cielo, arqueando así mismo una ceja tras “adivinar” aproximadamente la hora, puesto que su reloj pulsera se descomponía cada vez que descendía a la tierra, presuntamente por el magnetismo o radiación de la misma. Todavía faltaba un rato para que el piloto viniese por ella para retornar a la cúpula, por lo que simplemente terminó sentada sobre una roca del lugar, cruzando las piernas pero manteniéndose en estado de alerta como era de esperarse.

Se quitó de un ligero movimiento una mochila pequeña que portaba sobre la espalda, dejándola caer en el suelo mismo para así tomar un pequeño recipiente que destapó en un calmo movimiento con su mano derecha. Este contenía fresas, por lo que finalmente con la mano derecha tomó una de ellas para empezar a morderla suavemente. Las mismas aportaban un poco más de energías y contenía propiedades que seguramente la renovarían en minutos.

La asesina no varió su mirada, ni tampoco tal ligera seriedad. Podía notarse algunos cortes mínimos en piernas o brazos, como también un rasguño en la mejilla derecha producto de la pelea con aquel renegado que yacía destrozado unos cuantos metros más atrás. Obvio que ella lo consideraba como “gajes del oficio”.

 



Hoja de personaje
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Natasha Diatlov
Mensaje por Shira Assad el Mar Ene 27, 2015 3:28 pm

Re: Death and Rebirth [Priv: Shira Assad]

Comenzaba a llover cuando Shira se disponía a dejar el sector G-5 por unos días. Aquella lluvia había estado azotando imparablemente día tras día aquella zona. La joven ninfa ya estaba acostumbrada a aquella extraña lluvia ácida provocada por la contaminación y radiación atmosférica del lugar. Cada vez que caía producía un horrible efecto sobre sus preciadas plantas, las cuales se volvían de un tono negroso las más resistentes y prácticamente se desasían las más débiles. Por mucho que pudiese soportar la acidez de aquella agua no soportaba ver morir una y otra vez la naturaleza a su alrededor, aún así aunque no lo admitiera para ella misma se sentía bastante atraída por el color púrpura del río, causado también por toda la contaminación. Un suspiro se escapó desde lo más profundo de su corazón mientras se colocaba una capa roja la cual llegaba hasta alrededor de las rodillas para proteger la ropa que días atrás había conseguido de algún pobre diablo que había muerto cerca de aquellos lugares, quizás por la lluvia ácida. Aquella capa por una extraña razón que jamás llegó a comprender no se estropeaba con la lluvia ácida y la protegía a ella y a su ropa de esta, aunque a la joven ninfa no le hiciera falta.

Aún sintiendo las gotas caer sobre su cabeza y espalda la joven de ojos rojos y cabellos rubios hasta mitad de la espalda se agachó levantando levemente una mano envuelta en la capa procurando que una pequeña zona de tierra no fuese afectada por la lluvia ácida. Con la mano libre colocó un dedo sobre la tierra, un conjunto de sentimientos fueron absorbidos por la ninfa, eran sentimientos oscuros, tristes, dolorosos, así era como se sentía la tierra ante aquella contaminación. Estaba sufriendo y Shira lo sabía, cada día lo sentía, con cada paso que daba ya que las plantas desnudas de sus pies en contacto con la tierra le transmitían todo aquel dolor. Levantó el dedo de la tierra suspirando y esperó varios segundos. Donde poco tiempo atrás su dedo había estado en contacto con la tierra una especie de sombra circular comenzó a aparecer saliendo de esta una pequeña rama la cual creció poco a poco y se entrelazó consigo misma hasta formar un pequeño muñeco de ramitas y hojas, muy parecidos a aquellos que en sus tiempos se utilizaban para lanzar maldiciones a otras personas. Con la mano libre colocó a aquel pequeño ser de tan solo unos 15 cm de altura en su hombro bajo la protección de su capa comenzando así su viaje.

Aquellos seres no eran capaces de expresarse en voz alta, sin embargo Shira era capaz de entenderlos mediante una conexión especial al estar formados por base de su energía. Mediante avanzaba la chica con pasos firmes se despedía mentalmente de aquel lugar al que a la larga se había acostumbrado y por el cual incluso cariño sentía.

No tenía un rumbo fijo, solamente tenía como objetivo encontrar lugares nuevos quizás con más vegetación que aquel aunque sabía que aquello sería casi imposible. La pocas posibilidades de lograr su objetivo de recuperar la antigua Tierra se veían cada vez más lejanas, sin embargo no se daba por vencida y cada cierto tiempo organizaba aquellas búsquedas improvisadas en compañía de aquel pequeño ser.
*-No se desanime señorita Shira, ya verá que hoy lo encontraremos-*
Aquellas fueron las palabras de ánimo que el pequeño sirviente de ramitas le transmitió a la joven ninfa, la cual no muy animada asintió ante aquellas palabras. Los profundos ojos color sangre de la joven se veían más fríos de lo común aquel día. En sus mejillas las marcas que partían desde sus ojos la hacían ver con fiereza y remarcaban su mirada hostil.

Por fin después de varias horas caminando comenzó a sentir que el espacio a su alrededor comenzaba a cambiar, el viento comenzaba a sentirse más cálido con corrientes de aire bastante agradables. El aire a su alrededor se sentía menos pesado y más fácil de respirar debido a que la radiación era menor por aquellos lugares. De repente la mirada de la joven se llenó de vida por un momento, si había menos radiactividad quería decir que tal vez la vida vegetal fuese posible por lo que aún sin conocer su posición se adentró en aquel lugar sintiéndose un poco más animada pero aún sin cambiar aquella mirada de piedra que solía tener.
Shira Assad
Mensaje por Natasha Diatlov el Mar Feb 10, 2015 9:52 am

Re: Death and Rebirth [Priv: Shira Assad]

Elevó el mentón al captar entre las corrientes de aire sonidos o incluso un aroma atípico al que venía percibiendo desde su prolongada espera. Por esos momentos había guardado sus deliciosas fresas en el recipiente, el cual terminó acomodado dentro de su mochila, la joven asesina enterró los dedos en aquella espesa melena rosácea tan bien cuidada, como si se “peinara” con ayuda de los mismos, aunque ciertamente estaba haciéndose hacia atrás el cabello para más comodidad o por simple ocio. Suspiró ligeramente de mal humor, sin embargo en tal altiva mirada no pudo denotarse un solo atisbo de duda o arrepentimiento por el hecho, como era de esperarse, esa bella mujer pocas veces se arrepentía de sus actos, por no decir casi nunca.

Terminó por ponerse de pie, manteniendo ambas manos sobre aquella delicada cintura que estaba al descubierto y presentaba algunos rasguños o pequeños cortes producto de la batalla anterior. De reojo observó el resto del predio, ciertamente sin el más mínimo interés alguno por permanecer más tiempo allí. Perdida entre sus pensamientos colocó el pie derecho sobre esa misma roca donde antes había reposado, manteniendo esa misma pierna flexionada. Por unos segundos terminó cerrando los ojos, prestándole total y completa atención al sonido del viento para empezar a codificarlo por propio instinto, captando en el proceso absolutamente todo lo que ocurría a su alrededor, desde lejanos murmullos, el sonido de las hojas al moverse, algunos posibles sonidos de animales salvajes.

Una mínima sonrisa se dibujó en el perfecto semblante de la ninfa a medida que iba abriendo los ojos, tras eso y  lentamente el par de delicadas manos abandonaron su cintura para extenderse hacia arriba en un moderado movimiento al tratar de estirarse, incluso hasta un pequeño quejido de gusto escapó de aquellos rosáceos labios tentadores. La asesina estaba completamente segura que no se encontraba sola, no del todo, por lo que simplemente terminó relamiéndose la punta del pequeño colmillo derecho con la lengua en un casi desapercibido gesto, claro que aquello no tenía ningún motivo en especial, lo hacía porque simplemente se le daba la gana y punto.

-Quiero irme…- Protestó en apenas un susurro ya que añoraba darse una ducha tibia al llegar, poder recostarse en su cama y obviamente disfrutar de las comodidades que poseía en la cúpula como así también volver a reunirse con sus compañeros, contar algunas anécdotas o solo estar en la cafetería. Era consciente que si se ponía ansiosa su mal humor se acrecentaría, algo que no era realmente bueno para terceros. Finalmente, entre dichos suspiros terminó por recargar la espalda contra un añejo árbol, cruzando al mismo tiempo los brazos debajo de sus pechos.


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Natasha Diatlov
Mensaje por Shira Assad el Miér Feb 18, 2015 8:38 am

Re: Death and Rebirth [Priv: Shira Assad]

Emocionada se adentraba en aquel desconocido sector observándolo todo, habían plantas, no se encontraban en las mejores condiciones, ni tenían una salud elevadamente buena, sin embargo eran plantas, de colores diversos, de tamaños variados y de dolores diferentes. Plantas que crecían, que no estaban contaminadas del todo, que podían vivir por más de unos minutos. Plantas que crecían naturalmente, sin ayuda de la magia. Aquella visión hizo sonreír a la joven ninfa.
*- ¡Por fin! ¡Por fin encontré este lugar! Llevaba años buscándolo -* Se comunicó con su pequeño acompañante. Estas palabras no fueron proferidas con ningún sonido, no fueron emitidas por sus cuerdas vocales, fueron traspasadas por el vínculo que tenía la joven ninfa con su pequeña invocación. El pequeñín parecía estar muy contento por las palabras y el entusiasmo de su ama por lo que se bajo de un salto de su hombro y corrió al rededor de las plantas, casi parecía que bailaba.

Sin embargo algo hizo que se detuviera. Era una muchacha, la cual estaba apoyada en viejo árbol. El pequeñín no pudo evitar mirar aquel árbol el cual tendría ya unos cuantos años y sentir una alegría, la misma que compartía con Shira. Esta se acercó a él y pudo ver a la muchacha. Tenía un largo pelo color rosáceo, su piel parecía ser delicada, tenía unos rasgos muy finos y hermosos. Esto sorprendió enormemente a la joven ninfa, la cual tuvo intensión de retirarse nada más verla debido a que no le gustaba el contacto con otros seres, sin embargo tenía una pregunta la cual era de gran importancia y no podía dejar pasar por aquel odio que guardaba en su interior.

-¿Tú saber sector ser? -Preguntó la ninfa bastante costosamente, forzando las palabras para salir, mal pronunciadas y dichas en un orden bastante penoso. Su lengua humana estaba muy desgastada debido al poco uso que le daba, además de que el nerviosísimos y la emoción de encontrarse rodeada de plantas le dificultaban más el poder concentrarse y buscar las palabras mas correctas.
Shira Assad
Mensaje por Natasha Diatlov el Sáb Mar 14, 2015 10:41 am

Re: Death and Rebirth [Priv: Shira Assad]

La ninfa se sentía completamente segura en sitios como ese, sin importar que tan agrestes pudieran resultar porque justamente su sangre pura de ninfa ardía presurosa en aquellas venas, remontándola a experiencias o vivencias de sus antepasados, haciendo relucir de manera nata su propia naturaleza, como si ese instinto en ella hubiese pasado de generación en generación, heredando toda la sabiduría de sus antepasados, la cual fue refinándose con el cíclico correr de los siglos. Los orbes azules de la chica parecían ser espejos que podían transportar a cualquiera hacia diferentes mundos, como si irónicamente fragmentos del mismo universo estuviesen impresos en los mismos, esos ojos brillantes cual zafiros…simulando incluso también ser el misterioso corazón del océano o el cielo.

Al estar siempre decodificando el viento no dudó en voltearse antes de que siquiera aquella extraña muchachita pronunciara palabra alguna ante su presencia. La observó detenidamente de arriba hacia abajo sin ninguna emoción en particular aunque por dentro se encontraba completamente atenta a todo lo que ocurría a su alrededor, era plenamente consciente que en la Tierra no podía fiarse de nada, ni de nadie, sin siquiera dejarse llevar por las apariencias. Esa extraña muchachita de blancos cabellos se notaba algo confusa respecto al sector en donde las líneas del destino habían juntado a ese par de desconocidas. Podía percibir su aroma sin mucho esfuerzo, la extraña no parecía tener atisbos de rastros de provenir de la cúpula, por lo que supuso que sería una cazadora o renegada, alguna sobreviviente quizás a toda esa tragedia.

-Uno de los sectores cálidos o medianamente más estables de la Tierra- Musitó, esbozando apenas esas mínimas palabras en un sutil susurro sin quitarle un solo instante la vista de encima, la voz de la ninfa de rosáceos cabellos sonaba asertiva, segura de sí misma pero con un encanto único capaz de envolver a cualquiera que tuviese la fortuna de escucharla. -¿Cómo te llamas pequeña?- Murmuró finalmente, arqueando una ceja en lo que se mantenía siempre en esa aparente postura recta, relajada pero a la vez alerta, expectante ante cualquier movimiento en falso que pudiese ejercer la contraria.

Cada vez que bajaba a la Tierra sentía que una parte de su corazón se estrujaba ante el estado deplorable en el que habían quedado tantos territorios, sumidos completamente en la desgracia, la soledad, azotados sin piedad alguna por la misma muerte. A fin de cuentas, ella era una ninfa, su conexión con la madre naturaleza estaba fuertemente arraigada a su ser, su esencia misma giraba en torno a los procesos terrestres sutilmente condicionados al movimiento de los astros como la luna o el sol. Jamás lo hablaría con nadie, justamente porque sabía que no la tomarían en serio pero ella…por momentos, podía sentir el mismo sufrimiento de la Tierra agonizante. Un secreto o sentir que guardaba con recelo en el fondo de su corazón, por eso…en algunas ocasionas podía observársele bastante pensativa al respecto, observando la misma nada cada vez que ponía los pies sobre la Tierra en cada misión que debía llevar a cabo.


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Natasha Diatlov
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