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Mensaje por Elissa Zaitseva DiVongola el Mar Abr 23, 2013 9:33 pm

Mil palabras (Priv. Giotto Vongola~)

Recuerdo del primer mensaje :

Había dormido más bien poco, pensando en lo que tenía que hacer aquel día. Ni siquiera le importaron los dolores que siempre sufría por la noche, ni el intenso calor que tenía que soportar, solo pensaba en la llamada que tenía que atender por la mañana.

Decidida a no darse más tiempo para dejar que los nervios se la comieran viva, se levantó de la cama pesadamente y la tendió con sumo cuidado de dejarla impecable en cuanto el sol entró por la ventana. Lanzó un suspiro cuando terminó y se decidió a buscar algo para usar aquella mañana. Tras abrir el armario y recorrer los vestidos con ojo crítico, eligió uno sencillo de color blanco que amaba, pues siempre la hacía lucir con un poco más de color en su pálida piel. Tomando una toalla del armario, caminó hasta el baño y cerró la puerta; No pasó el seguro, pues la habitación estaba cerrada por dentro.

Su ropa cayó a piezas, lentamente a la vez que su cabello salía de la trampa de aquel listón azul que lo atrapaba en una coleta alta. Entró a la ducha, no sin antes comprobar que el agua estuviese aceptablemente fría: a pesar de que ya era primavera, de vez en cuando la temperatura descendía por la noche, enfriando el agua agradablemente para acabar con sus malestares y bochornos por un rato. Una vez mojada de la cabeza a los pies, cuidando de lavar bien su cabello, recogió la botella de shampú con aquel gel ámbar con aroma a vainilla y extendió un poco por la superficie de sus manos, frotándolas hasta lograr una ligera capa de espuma que aplicó de raíz a punta en el cabello, dejándolo penetrar en las fibras capilares mientras extendía el líquido claro de otra botella, con el mismo aroma pero suavizado, por su piel húmeda. Justo después, dejó que el agua quitara la espuma de su cuerpo, y repitió el proceso por el simple gusto de sentir el agua fría en contacto con su piel.
Salió del baño enredada en una toalla blanca y con el cabello cayéndole por el hombro derecho. Secó su piel y su cabello lo más que pudo antes de vestirse; Encontrando el vestido blanco, de cuello alto y sin mangas, extendido encima de su cama. Lo pasó por encima de su cabeza y abrochó los tres botones al frente del pecho, que dejaban un espacio descubierto desde su escote hasta el cuello. Ciñó con un listón la cintura y dejó que la tela volara hasta pasada la mitad de su muslo, para luego buscar sus zapatos blancos favoritos. Cuando no hubo nada más que ponerse, cepilló su cabello pausadamente. Dejándolo ligeramente húmedo, colocó el prendedor de plata de su madre en forma de flor en él y después abrochó su cadena, con las argollas de matrimonio de sus padres colgadas, y las ocultó lo más que pudo dentro del cuello del vestido.

Dejó la habitación una vez se sintió preparada para enfrentar lo que le venía: tenía un citatorio para primera hora de la mañana en la oficina del director que, si se lo hubiesen entregado ese mismo día, hubiese, por lo menos, evitado el quedarse despierta por la noche por culpa de la ansiedad de saber de qué se trataba. Una vez fuera, cerró con llave la puerta y la guardó en el bolsillo de su vestido. Tras un suspiro, tomó rumbo hacia el salón principal…

Encontró rápidamente la puerta que buscaba enmarcada por las escaleras, que le daban un toque aterrador, pero a la vez cálido y dulce. Al llegar, tocó por puro instinto, más sabía que no le abrirían. Abrió la puerta y la cerró tras de sí cuando entró y no pudo hacer otra cosa que contemplar la majestuosidad de aquel largo pasillo adornado con pinturas. Pasó los dedos por ellas a medida que avanzaba, sintiendo la pintura suave al tacto: Nunca fue experta en arte y, a veces, ni siquiera le llamaba la atención, pero aquellos lienzos tenían un atractivo inusual que no permitían dejarlos de ver. Finalmente, llegó al final del pasillo, donde una fuente inusual le daba la bienvenida, ocultando tras de sí otra puerta de madera con la leyenda: “Oficina del director”. Rodeó la fuente, pero justo cuando la dejaba detrás, no pudo evitar voltear a verla una vez más. Acercándose lenta y firmemente, las yemas de sus dedos rozaron las suaves llamas que de inmediato lamieron la piel sensible de sus dedos. Al instante, un chillido de dolor salió de sus labios al sentir el ardor de las quemaduras e inmediatamente dio dos pasos atrás, cubriendo la quemadura de sus dedos con la otra mano y tratando de olvidarse del dolor.

Aspiró profundamente, frente a la puerta con la imponente leyenda cuando, decidida, tocó tres veces con los nudillos la fina madera. Como si fuera por arte de magia, el nerviosismo que sentía superó, por mucho, el dolor de las quemaduras… Suavemente, llamó a la puerta: -¿Sir Giotto?
Elissa Zaitseva DiVongola

Mensaje por Elissa Zaitseva DiVongola el Miér Jul 31, 2013 5:09 pm

Re: Mil palabras (Priv. Giotto Vongola~)

Suspiró y pasó su índice por entre las cejas del mayor. No le gustaba que frunciera el ceño ni que se molestara. Le alegraba verlo feliz, contento y animado, no quería que un comentario efímero le robara la felicidad de saberle enamorado. Paseó su índice por el puente de su nariz hasta llegar a la punta una vez se relajó y aceptó con una suave sonrisa el beso en su frente.- ¿Hay alguien importante para ti abajo? –Preguntó. Tenía curiosidad de saber de su vida, de su pasado, de lo que sentía y lo que pensaba, y la confesión que le siguió a aquellas palabras la dejó anonadada. Con una mano en su barbilla, levantó el mentón del rubio para que le viera a los ojos. Con una sonrisa en los labios mientras se le encogía el corazón, trataba de averiguar si su confesión le causaba felicidad, ternura o tristeza.-Giotto…-Susurró mientras esperaba a que sus ojos se posaran en los de ella.- Está bien que tengas miedo… Está bien que temas fallarme.-Susurró sonriendo como una boba.- Porque la única manera en que puedes fallarme, es fallándote a ti mismo. Si de verdad es importante para ti, no debes dejarlo, pero quiero que siempre recuerdes algo. Hazlo por mí, Giotto; recuerda que el miedo hiere más que las espadas.-Susurró para luego depositar un dulce peso en su mejilla, tratando de calmar los demonios que le corroían y los miedos que corrompían su determinación. Esperaba haber ayudado tan siquiera un poco.

Tras el pequeño relato que pronunció, dejó sin contestar las preguntas ajenas. Suponía de cualquier modo que él sabía que siempre llevaba algún arma consigo, así que desistió de comentarlo. Se dejó abrazar, dejó que su nombre fuera pronunciado de nuevo; ya no le dolía escucharlo, ya no era un regaño, ahora intentaba consolarla. El solo hecho de sentirse entre la calidez de sus brazos le reconfortaba y le hacían sentir especial, quizás, también… enamorada.- ¿Por qué desaparecer? ¿No te gusta estar aquí?-Suspiró. Aquellas palabras le dolían. ¿Eso significaba que quería irse? Las dudas se sembraron y no pudo hacer nada que tragárselas y guardárselas lo mejor que pudo, mostrando un semblante de paz aunque solo tuviese duda.

De nuevo aquel rostro serio… Cálido, pero serio. No pudo evitar desviar la mirada con amargura hasta su mano cuando sintió que el mayor la tomaba. Acarició la mejilla y mano contrarias lo más que pudo, hasta que por fin volvió a posar sus orbes en los contrarios… Aquellos ojos que guardaban tanto para sí mismos. En cuanto escuchó la primera palabra salir de sus labios, se dio cuenta de que, para él, ella había pedido una tontería inconcebible.- Está bien, está bien.- Asintió tras un suspiro intentando bajar los humos. No quería tener que disculparse de nuevo por culpa de sus tonterías.- Sabes que mientes. Tienes experiencia, sabes lo que debes hacer, no vas a distraerte por mi culpa, pero entiendo que puedo causar problemas porque no estoy debidamente entrenada.-Murmuró, aguantando como pudo aquella penetrante mirada que parecía querer sacar aquella idea de la cabeza con solo mirarle. De sus labios, un jadeo salió tras escuchar la segunda confesión del día. Sin saber cómo reaccionar, se quedó estática por un momento, observándole con los ojos entreabiertos por la sorpresa.- Giotto…-Gimoteó cuando lo sintió levantarse y alejarse. Aquello no le gustaba; que se fuera, que se alejara habiendo dicho aquello unos segundos atrás, ¿qué podía decir para que volviera?

Se sentó propiamente y dejó sus manos en el regazo, observándolas un tanto confundida cuando divisó un tenue resplandor en el centro de la habitación. Levantó la vista y la giró de nuevo con rapidez, pues el brillo de la llamarada le obligaba a cerrar los ojos. Cuando pudo abrirlos de nuevo, un nuevo jadeo suplió al anterior escapando de entre sus labios, observando al hombre moreno de ojos esmeralda que tomaba el lugar de su amado rubio de ojos dorados.-¿Giotto?- Habló en un susurro mientras trataba de levantarse, tambaleándose de aquel sillón.-Gioele…-Repitió, un poco más calmada ahora. Un suspiro de alivio salió de sus labios mientras caminaba hacia él.- Así que eso eres… Un demonio… Un demonio de sangre pura que cambia de forma para guardar apariencias.-Musitó sacando conclusiones apresuradas mientras se acercaba pues, en parte, era lo que su padre hacía. Cuando llegó hasta él, buscó de nuevo su contacto rozando con su mano los dedos de la mano del moreno. Mientras él contemplaba la chimenea, ella observaba sus facciones; eran igual de finas y hermosas que las del rubio, pero el cabello negro contrastaba más con su pálida piel. Le habló de la pintura en la que posó su mirada después, pegando el dorso de su mano a la contraria mientras observaba aquella hermosa mansión. Se acercó a ella, a la pintura, parecía tan real, cálida y acogedora, le causaba un sentimiento de hogar además de una sensación de tristeza, quizá porque su casa nunca fue una gran mansión ni siquiera una casa de verdad.- Gioele di Salvo…-Susurró de nuevo. El nombre le sonaba de algún lado al igual que aquella insignia o el escudo de armas de la mansión.- Tu pintaste el cuadro…-Recordó de repente la firma de algunos de los lienzos del pasillo.- Tu pintaste lo del pasillo también.- Se giró para encararle y entonces, su mirada, por alguna razón se dirigió directamente a la insignia en su pecho.-…Es… tu casa, Gioele.-Le observó con la mirada enternecida y los labios secos y entreabiertos. Pasó la lengua por entre sus labios para humedecerlos y se acercó a él, decidida a encontrar en él al dulce hombre que la tenía enloquecida. Tomó ambos lados de su rostro y lo besó, cerrando los ojos en un dulce beso que le daba pena romper.- Recordar… es volver a vivir… -Susurró posando el índice en los labios ajenos. No quería palabras, quería hechos. Besó de nuevo sus labios, parándose de puntitas a como pudo. Los tacones le habrían funcionado aquella vez, pero siempre prefería los zapatos de piso.- Recordar está bien siempre que sean cosas buenas.-Le sonrió.- ¿Tú eres Giotto… Mi Giotto? –Cuestionó mientras le acariciaba la mejilla. A aquellas alturas ya no le importaba, pero quería escucharlo. Deseaba escucharlo. Saberlo suyo y de nadie más. Se perdió en sus ojos color esmeralda y le regaló una suave sonrisa.
Elissa Zaitseva DiVongola
Mensaje por Giotto Vongola DiZaitsev el Dom Sep 01, 2013 9:42 pm

Re: Mil palabras (Priv. Giotto Vongola~)

Sintiendo apenas si el roce del dorso de la mano ajena, este, con delicadeza, tomó su mano entrelazando sus dedos, no quería dejar de sentirla. - ¿Alguien importante para mi? - Cuestionó a la joven posando su vista en aquel cuadro. Su piel se erizó con suavidad por el simple hecho de que aquellos recuerdos volvieran a sí. - Todos tenemos a alguien. - Dijo algo cortante, más no quería dar tantas explicaciones, “Todo a su tiempo” era el pensamiento del ahora azabache hombre que inmerso en sus pensamientos, comenzaba a perder noción de lo que pasaba, de no ser por aquel dulce aroma el cual le embriagaba perteneciente a aquella mujer la cual ocupaba en totalidad sus pensamientos con solo escuchar su dulce voz. Se quedó en silencio, clavando sus orbes esmeralda en los ajenos, entrecerrando su mirar de una manera un tanto despreocupada aunque por dentro, el nerviosismo le carcomiera.

- Porque a veces llevar una carga tan grande no te deja estar tranquilo. Me gusta, y me gusta mucho... Y más ahora que te tengo a mi lado… Pero no puedes culparme por pedir un poco de aire… - Esbozó una suave sonrisa y acarició con suma delicadeza la mejilla de su amada.  La escuchó con atención, y sin soltar su mano, cerró sus párpados al sentir como ella apenas si se adelantaba unos pasos para poder ver mejor la pintura a detalle. Entreabrió su mirar al escuchar su nombre, y ante lo último dicho, asintió. - Si… Era mi casa… - Respondió con la voz algo quebradiza. Bajó su mirada a ella cuando la vio acercarse. Soltó suavemente su mano al sentir la movía a su rostro, cerró sus ojos correspondiendo aquel beso de sus dulces labios, la abrazó por la cintura y la apegó a él, aferrándose en un delicado agarre. Apenas si iba a responder sus palabras más sus labios fueron sellados con uno de sus finos dedos. Calló.

Cerró sus párpados al escucharla, más ante la pregunta, entreabrió su mirar, posando a nueva cuenta este en ella. Con su mano, tomó la ajena y la retiró de su rostro, negó y se paró firme ante ella. - No, Elissa. No soy tuyo.  - Dijo con sequedad. Retrocedió un paso poniendo un poco más de distancia entre ambos. La observó, calló durante unos segundos y tomó aire. - Si, Elissa, eres hermosa, muy hermosa, tu voz es tan dulce que hipnotiza, tu aroma embriaga, tu mirar enternece, tus caricias apaciguan, pero eres terca, obstinada, reclamas, pides aún a sabiendas qué responderé, insistes mucho, no obedeces a la primera, prefieres arriesgarte antes de medir consecuencias. ¿Tú crees que necesito a alguien así a mi lado?   - Cuestionó con sequedad, su voz se había vuelto más dura, su semblante muchísimo más serio, su mirar podía ir más allá de sólo verla, podía clavarse, fundirse con el de ella. - No, tú mereces algo mucho mejor que esto. - Cerró sus parpados y se quedó a nueva cuenta en silencio. Acto seguido, metió su izquierda al bolsillo de su pantalón, la sacó y lentamente se hincó en su rodilla izquierda, levantó su mirar y en su mano, detenía una pequeña caja negra la cual era la que había sacado de su pantalón. - Si, necesito a alguien así a mi lado, y mereces algo mucho mejor que sólo esto… Elissa Zaitseva, si, quiero ser tuyo y que tú seas mía el resto de nuestros días. - Con la derecha, abrió aquella cajita, dejando ver un anillo de plata pura con un diamante adornando este. - ¿Quieres casarte conmigo? - Cuestiono si, con nerviosismo, dejando salir una sonrisa a media luna de sus labios, esperando la respuesta de su amada…



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Giotto Vongola DiZaitsev
Mensaje por Elissa Zaitseva DiVongola el Mar Sep 10, 2013 10:48 pm

Re: Mil palabras (Priv. Giotto Vongola~)

La dulce y tierna sonrisa de sus labios desapareció con aquellas palabras, dando paso a la confusión que claramente se podía observar en su rostro. Podía entender que dijera que él no era suyo, pero esa falta de tacto en su voz y el piso que puso de por medio le hicieron dudar de la doble intención de aquellas palabras. Asintió, dejando los brazos a sus costados, asimilando aquellas palabras y convenciéndose de que no eran tan malas como las sentía.

Sus palabras le tomaron desprevenida de nuevo. Un tenue rosa tiñó sus mejillas mientras le escuchaba, agachando la mirada de nuevo, pues le era difícil escuchar aquello observando sus profundos ojos verdes. Entrecerró los ojos y se mordió el labio inferior mientras escuchaba, pues no podía más con los sentimientos de felicidad y timidez que la embargaban. Claro, que como en todo, tenía que llegar un ‘pero’. Soltó un jadeo por el repentino cambio en el ambiente. Le observó; se veía serio y no parecía estar hablando en tono de broma.

Retrocedió un paso, pues el temblor de las piernas la hacía dudar de si podría sostenerse. Escuchar aquello de la persona a la que más amaba en el mundo… No. Quería despertar, quería levantarse del mal sueño en el que estaba, pero, ¿no había dicho él que era un demonio? Quizás todos tenían la misma doble cara… Quizás sería cierto, y él no necesitaba una mujer problemática, terca, obstinada e insistente a su lado. Cerró los ojos, embargada por la pena mientras sus manos subían lentamente hasta entrelazarse sobre su vientre. Con todo el dolor que pesaba en su corazón, negó con la cabeza… No, ella no era lo que él necesitaba. Levantó la mirada, consciente de que sus ojos se humedecían con cada segundo que le observaba. Pero no le tenía rencor. Negó nuevamente a la pregunta. Ni siquiera sentía fuerzas suficientes para decirlo con palabras, y sonrió. Odiaba que la vieran triste, y en ese momento, lo único que pensaba era que, aunque todo parecía acabar, no derramaría una sola lágrima en su presencia.

Se quedaron en silencio por unos segundos. Él serio, ella sonriente e infeliz. Contemplaba su bello rostro de piel blanca cuando le observó sacar algo de su bolsillo.- ¿Qué? - De nuevo la confusión emergió cuando le escuchó contestar su propia pregunta. -¿De qué hab…?-De nuevo con lo de ‘mereces algo mejor’. No tuvo ni ocasión para reaccionar cuando lo vio hincado frente a ella, con el pequeño estuche en manos. –El resto de…- Le observó… Y le observó, y le observó. Parpadeó un par de veces con los labios entreabiertos de incredulidad mientras veía esa nerviosa sonrisa en el rostro del moreno. En un tímido susurro, con la voz temblando, preguntó:- ¿Qué? -Observó el piso y negó.

No podía creer que de verdad aquello estuviese pasando. Los segundos en que se quedó sin habla se le hicieron eternos mientras contemplaba los verdes ojos de aquel  hombre.- ¿Puedo escuchar eso de nuevo? -Preguntó, finalmente. Se curvó desde su altura para abrazarle, sin darse cuenta de que había comenzado a reírse por los nervios, mientras lloraba y temblaba de felicidad.- Eres un tonto. -Rio abrazada a su cuello y con la frente apoyada en su cabeza.- Por un segundo pensé…-Rio de nuevo, limpiándose las lágrimas de las mejillas y levantándole el rostro con las manos para observarle directo a los ojos.- Dios mío, antes de que te arrepientas…  de nuevo… -Bromeó, temblando nerviosa.- Si, Gioele…-Susurró, sentándose en su rodilla derecha, pegando su frente a la de él.- Quiero ser tuya para siempre… Por siempre. Por el resto de nuestros días ¡Por todo el tiempo que quieras! Un día, una semana, la vida entera, ¡por siempre! Sí quiero casarme contigo, y hacerte feliz todo lo que pueda, aun si eso significa ser el doble de terca y obstinada de lo que ya soy. - Respondió, correspondiendo la sonrisa del mayor con otra de timidez y felicidad. Observó el anillo, por primera vez, discreto y sencillo… igual que ella y su relación con Gioele. Perfecto… Por una vez, se sintió completa.
Elissa Zaitseva DiVongola
Mensaje por Giotto Vongola DiZaitsev el Mar Nov 19, 2013 10:25 pm

Re: Mil palabras (Priv. Giotto Vongola~)

Todas y cada una de las bellas expresiones que su amada dejaba ver eran realmente magníficas, tal cual lo planeado, aquella confusión en su mirar hizo sonreír más al moreno, aún pese al nerviosismo. Esperó, calló y la observó, aquel silencio en ella si, dejó que el azabache comenzara a imaginar cualquier cosa, sin embargo ante la pregunta, apenas si iba a abrir sus labios para repetir aquello, más el abrazo le hizo callar, el cual correspondió. Su riza le hizo sonreir con tranquilidad, aquellos suaves temblores hizo la apegara más a él. La abrazó más y contempló su rostro. - Ese era el plan… - Confesó. Ante la respuesta no pudo evitar sonreir a sobre manera como contadas veces lo había hecho. Sus mejillas se tiñeron de carmín riendo bajo. Escuchó todas y cada una de las palabras de ella, no pudo negar fueron realmente maravillosas. - Eres… Tan perfecta… - Fue lo único que atinó a decir.

Tomó con cuidado la mano de la joven y colocó con sumo cuidado el anillo, a medida. Le tomó el mentón y depositó un beso en aquellos dulces labios. - A comenzar a planear la boda. - Le susurró y la tomó en brazos, se puso de pie y se sentó sentándola en sus piernas, la apegó a su pecho y comenzó a acariciar con delicadeza la espalda de ella. - Aún no sé como me robaste el corazón y los pensamientos, mujer… - Dijo en un tono de reclamo más no lo era. Acomodó su mejilla en la coronilla ajena, estaba tan tranquilo, hacia tanto que no se sentía así. Cerró sus párpados y sin dejar de acariciar su espalda, entrelazó su mano con la ajena. - Te veras hermosa de blanco… - Susurró con una sonrisa difícil de esconder, su corazón poco a poco se tranquilizaba, era un sentimiento tan maravilloso… - Te amo, Elissa.. -



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Giotto Vongola DiZaitsev
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