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Mensaje por Toshikazu Tanaka el Dom Abr 12, 2015 11:26 pm

Donde las lágrimas son vida [Anna]

El manto oscuro que indicaba la noche cubría todos los terrenos que los ojos del centinela podían abarcar. Los estudiantes estaban en sus habitaciones o ahí es donde deberían estar. A él le tocaba pasearse por los pasillos y los alrededores, asegurándose que todo estaba bien, que no había ningún alumno pululando por ahí y que no armaban escándalo. Estar dentro de la academia era la primera parte, la que compartía con los vigilantes, pues luego se marchaba al exterior. Esta vez salió antes de tiempo porque al pasar por una ventana, un brillo llamó su atención. Quiso ir a investigar, estando convencido de que era un estudiante que estaba fuera, cosa que estaba prohibida durante la noche por motivos de seguridad.

El brillo se alejaba a gran velocidad, por lo que él se vio obligado a perseguirlo lo más rápido que podía, teniendo cuidado de no tropezarse con todas las ramas y raíces que le entorpecían el paso. Aquella criatura se detuvo de repente, poniéndose de cuclillas en la hierba, mirando a la misma con unos ojos grandes azabaches. El demonio se detuvo y ladeó la cabeza: Era muy raro y definitivamente no era un alumno. La criaturita giró la cabeza de tal manera que Tanaka se llegó a asustar, porque se invirtió por completo. Tras unos instantes volvió a su posición original e inclinándose lentamente hacia el suelo, parpadeó un par de veces para soltar unas lágrimas brillantes sobre una parte marchitada. Ahí lo entendió todo.

-¡Hah! Pensé que había alguien por ahí.- Le susurró, adoptando la misma posición que el espíritu arbóreo.

Como si acabara de aparecer un depredador, el ente salió disparado hacia la copa de árbol más cercana, escondiéndose. Tanaka se levantó y miró a todas direcciones, iluminando un poco con una linterna que llevaba siempre en el bolsillo del pantalón. No escuchaba ni veía a nada ni nadie, aún así continuó alerta, en busca de cualquier sonido o sombra que delatara la presencia de alguien más.


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Mensaje por Anna. el Miér Mayo 06, 2015 10:11 pm

Re: Donde las lágrimas son vida [Anna]

Mientras temblaba por el frío de la noche, buscaba un buen lugar donde dormir. Por la tarde había entrado al bosque en busca del lago, pero se había perdido en algún punto del camino por seguir un lindo conejito, lo que la hizo caminar por horas y horas hasta que el cielo y todo el bosque se oscureció. Solo quedaba buscar un lugar donde descansar, pues sus piernas ya llevaban mucho tiempo caminando y no parecían querer llegar a ningún lugar en concreto. Cada vez que se desplazaba, sentía que estaba dando vueltas en el mismo sitio donde había empezado.

En un momento de enojo, bajo la luz de la luna, hizo una mueca y se cruzó de brazos molesta, para luego sentarse en el piso y recostarse, acomodándose en el pasto y abrazándose a sus coletas. El piso no era demasiado duro, pero estaba frío por el rocío de madrugada. Cerró los ojos por un momento... y los abrió al instante, muy de repente. No tenía mantas. Aquello no podía ser una buena siesta sin mantas. Dio un par de vueltas en el pasto con el objetivo de buscar un sitio más cubierto. Buscando el mejor lugar, encontró un arbusto a algunos metros de ella y se sentó en el pasto con rapidez. A gatas, comenzó a gatear hasta el arbusto y se metió debajo de él. Aunque en realidad no había mucho espacio debajo, había logrado meterse lo suficiente como para dejar de pensar en las mantas. Cerró los ojos para poderse dormir, pero volvió a abrirlos en un instante, pues una siesta sin almohadas no podía ser siesta. Se quedó ahí, con los ojos abiertos mientras soplaba a las hojas que estaban cerca de ella para entretenerse.

Como si no hubiera nada más que hacer, se quedó bocaabajo entre la tierra y el arbusto, moviendo los pies como si en verdad estuviera en su cama, aburriéndose a muerte.
Anna.
Mensaje por Toshikazu Tanaka el Mar Mayo 12, 2015 8:38 pm

Re: Donde las lágrimas son vida [Anna]

Mientras iluminaba con la linterna, escuchó de nuevo un ruido, justo por detrás, lo que le hizo darse la vuelta con agresividad, pero no vio nada. Retrocedió un paso con cautela y enfocó las copas de los árboles más cercanos. Tampoco había nada. Acechaba a todas partes, no estaba asustado pero sí un tanto nervioso. No pasó mucho tiempo hasta volver a escuchar el sonido de la naturaleza y al enfocar con la linterna, descubrió la presencia de una muchacha escondida en el arbusto. El demonio dio un suspiro y se relajó, gruñendo bajo. Dio un paso autoritario y se dispuso a pedirle amablemente que saliera de ahí.

-Levántate, sal de ahí.- Ordenó, aún iluminando.

Tanaka no quería tener que agacharse para sacarla a la fuerza. El pequeño espíritu revoloteó rodeando a ambos y luego se marchó, desapareciendo como una estela blanca entre los robustos troncos. Guardó una mano en el bolsillo. Si ella se portaba bien no sería agresivo y se la llevaría a la academia amablemente, solo con una mano en la espalda para no ser rudo y a la vez asegurarse de que no se escapaba. El airecillo fresco le ayudaba a mantener la paciencia intacta, porque se preocupaba de que ella se encontrara mal, es decir, no tenía mucho sentido que estuviera ahí tirada, aunque pareciera feliz.

-¿Qué haces aquí? Está prohibido estar en el bosque por la noche...- Le dijo con una voz suave, calmada.

Se fijó en su cabello albino, con sus dos coletas y en sus facciones infantiles. El cuerpo era menudo y no llevaba ropa de abrigo, por lo que supuso que estaría pasándolo mal ante tanta humedad y amenaza a lluvia o tormenta. Realmente no parecía que la joven estuviera haciendo nada malo, excepto merodear por la noche. Estaba sola y no llevaba nada entre las manos.

-¿Cuál es tu nombre?- Preguntó con un tono amigable.


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Mensaje por Anna. el Sáb Mayo 16, 2015 3:29 pm

Re: Donde las lágrimas son vida [Anna]

Mientras se encontraba recostada entre los arbustos, una persona pasó enseguida de ella a lo lejos. Por supuesto, en una primera instancia habría corrido a saludar y a abrazar con entusiasmo, pero siendo de humores muy cambiantes, la chica no tenía ya ánimos de nada después de haber estado todo el día caminando hacia ningún lugar. La luz que se proyectaba en los arbustos era curiosa, pues la linterna le parecía demasiado amarilla para serlo. De repente, se sintió encandilada por la misma y soltó un gritito mientras se cubría el rostro con ambas manos pues sus profundos ojos azules habían sido lastimados por aquella luz.

¡No quiero, eres malo! - Gritó la chica mientras se frotaba los ojitos con las manos, cuidando de ellos tras el ataque directo de aquella linterna. Mientras se mantenía iluminándole el rostro, ella se mantenía escondida con las manos ocultándole el mismo. A pesar de que el contrario tenía la voz suave y calmada, la chica no la tenía y seguía enfurruñada por el ataque de la linterna feroz.- Me perdí. No está prohibido perderse. ¿Está prohibido perderse? No está prohibido perderse.- Sentenció de último, dejando muuy en claro que, para ella, no estaba prohibido perderse en el bosque a altar horas de la noche.

Al preguntarle su nombre, se descubrió los ojos un poco, pero volvió a cubrirlos cuando vio la luz, descubriendo sus labios solo para hablar lo que tenía que responder.- Me... llamo... Aryanna... pero todos me dicen Anna. O Annie. O... solo Anna o Annie. Nadie me dice así en realidad, pero no me gusta que me digan Aryanna, solo Anna o Annie... Pero de Anna y Annie prefiero que me digan Anna.- Dijo, dejando también, muy en claro, que prefería que le dijeran Anna, en vez de Aryanna o Annie. Para ella, en su cabeza, siempre era mejor darle muchas vueltas a las cosas, para que quedaran muy muy claras para todos.
Anna.
Mensaje por Toshikazu Tanaka el Dom Mayo 17, 2015 7:27 pm

Re: Donde las lágrimas son vida [Anna]

La queja de la joven le pareció demasiado infantil, como de esas que dicen los caprichosos cuando no se les compra lo que quieren y se enfurruñan, negándose a todo lo que se les dice. Tanaka dio un suspiro, se veía ante una chiquilla y no era tan cruel como para tratarla mal, al fin y al cabo, eran formas distintas de hablar con un mayor que con un menor. El demonio bajó la linterna para iluminar el suelo y las piernas ajenas, en vez de los ojos, puesto que ya había comprobado que se estaba quejando constantemente por eso. De nuevo le hizo unas señas para que se acercara a él, siendo Tanaka quien llevara la iniciativa dando varios pasos hacia delante. Ella tenía razón, no estaba prohibido perderse, pero sí estar presente, así que era mitad y mitad. Si había salido por el día, no podía decirle nada.

-Bueno, tranquila, ya pasó.- Le dijo, sereno y amistoso. -Ven, te llevaré a tu habitación para que puedas descansar bien.

El chico comenzó a guiar a la alumna, escuchando en el inicio una especie de trabalenguas sobre cómo se llamaba. Tanaka se perdió casi al principio, no se esperaba eso y aunque el mensaje tenía sentido, parecía que había hablado muy rápido y los datos se le hubieran pasado. No obstante, se quedó justo con el nombre definitivo: Anna. A él personalmente le gustaba Aryanna, era un nombre muy bonito y agradable a la hora de pronunciar. Anna tenía una forma de hablar muy curiosa y atrayente, era la primera vez que escuchaba a alguien liar tanto una presentación. Tanaka iluminó el camino, con una mano en un hombro ajeno. Presionó los labios durante un momento y luego desvió la mirada hacia ella, mientras dejaba algunas huellas conforme avanzaba.

-A ver, Anna... ¿Cuántas horas llevas perdida?

Por suerte el bosque estaba muy silencioso y no presentía ningún peligro. Estaban a veinte minutos andando, se conocía bastante el lugar, aunque admitía que en las auténticas profundidades, incluso él podría terminar perdido. No por mucho tiempo porque se acabaría orientando fácilmente mediante la observación y la calma, pero estaba el hecho. El centinela cuidaba de que la joven se encontrara bien y en un momento se preguntó si no tenía frío. Por si acaso, se quitó la cazadora para colocársela a ella, aprovechando estaría caliente por haberla llevado puesta varias horas.

-Espero que no te resfríes, no debes faltar a clase.


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Mensaje por Anna. el Mar Mayo 26, 2015 12:47 pm

Re: Donde las lágrimas son vida [Anna]

No quería levantarse. La peliblanca estaba firmemente decidida a no levantarse porque él la había acusado de que se había fugado de la academia, de estar en el bosque haciendo cosas malas y, peor que todo, le lastimó sus sensibles ojos con aquella luz blanca. La realidad era que no la había acusado de tantas cosas, pero ella lo tomaba así, como el más cruel de los guardias, hasta que escuchó aquello de que la llevaría a casa y rodó por el suelo lejos del arbusto, levantándose tan rápido como pudo, sin decir ni pio, pues cuando menos lo esperaba ya estaba de nuevo caminando en alguna dirección mientras el contrario la guiaba, decidida a no perderlo de vista como había perdido al conejo en horas pasadas.

Tan así era su determinación de no perderlo que tenía toda su concentración en él, no dándose cuenta de que en su cabello ahora había unas cuantas hojas verdes, producto de su estancia bajo el arbusto. Aunque ella cuidaba mucho que su cabello estuviese impecable, en aquel momento no era su prioridad.

La pregunta sobre las horas desde su trágica perdición fue bastante extraña para ella.

Oh, Anna no tiene horas perdida, solo algunos minutos.- Dijo firmente creyendo que aquello era verdad, aunque la realidad del asunto era que su perdición había llegado desde el medio día, y quizás llevaba ya algunas doce o trece horas por ahí.- Quizás quince minutos. Porque antes de eso Anna sabía a donde iba. Anna estaba persiguiendo un conejo, pero luego el conejo ya no estaba, pero luego estaba y se iba. Anna sabía a donde iba y sabía que siempre pasaba por el mismo árbol, así que técnicamente no estaba perdida, solo estaba dando muchas vueltas en muchos círculos... Anna se perdió cuando ya no encontró el árbol y mejor me recostó porque estaba muy muy cansada.- Dijo finalmente.

Cuando la chica recibió la chaqueta del contrario, se la puso extrañada, pues olía a chico, y de aquella manera ella terminaría oliendo a chico y la chaqueta terminaría oliendo a tierra húmeda, hojas y bosque, donde ella había pasado las últimas horas.- A Anna le gusta faltar a clases... A Anna no le gusta estar sola de noche... la noche es oscura y alberga horrores... la noche es fea... - De pronto, la chica se detuvo en seco.- ¡Quiero llegar a casa! ¡Ya!- Gimoteó con el labio inferior haciendo un puchero, observando el piso mientras su pie izquierdo cavaba un pequeño agujero en el piso.- ¡No más bosque!
Anna.
Mensaje por Toshikazu Tanaka el Jue Mayo 28, 2015 6:50 pm

Re: Donde las lágrimas son vida [Anna]

El centinela escuchó a la jovencita mientras la guiaba de vuelta a uno de los lugares más seguros. Afortunadamente, llevaba poco tiempo perdida, al menos eso pensó él durante un rato, hasta que empezó a darle vueltas al asunto. No cuadraba el tiempo tal cuál lo contaba, por la distancia y demás, era imposible que llevara menos de media hora y a juzgar por esas dudas y por su forma de hablar, se lo estaba inventado. Tal vez no, pero era demasiado improbable y encima se estaba haciendo un lío. Anna esto, Anna lo otro... Tanaka se confundía y tenía que repasar todas sus palabras una y otra vez, ajustando las oraciones sin que se repitiera todo. Suponía que sería cuestión de adaptarse a su forma de hablar.

-¿Un conejo? ¿Era blanco y brillaba?

Tenía curiosidad sobre si aquella criaturita era uno de los espíritus del bosque que él había visto. Seguía sin quitarse de la cabeza que las lágrimas de ese animalito fueran tan buenas como para revivir plantas. A lo mejor curaban heridas también. Dejó de pensar en eso y se centró en la pequeña que tenía a su cargo. Recorrieron el bosquecillo en línea recta, sorteando algunas ramas y disfrutando de la brisa nocturna, al menos él se sentía bien con el airecillo suave. El demonio le acarició el pelo de manera amigable, era muy mona quejándose casi por todo, pero era lo que tenía ser una niña. No sabía muy bien qué decirle, porque no pensaba igual, pero en ese caso, le diría las cosas como son, de buena manera.

-Pero tienes que ir a clase, así aprenderás cosas y ya verás que es muy bueno cuando crezcas.- Le sonrió con cariño, dándole una suave palmada. -Ya, ya vamos a llegar, no queda mucho.

No mentía, pues escasos minutos después, tras pasar un gran árbol de tronco ancho y corteza húmeda y áspera, la academia se hizo visible. El edificio se levantaba imponente ante ellos, el gran recinto donde se alojaban cientos de alumnos para tener sus oportunidades en el futuro. Al acercarse a la entrada, abrió la puerta con una mano, con la misma que sujetaba la linterna. Tras pasar el recibidor, avanzó un poco por el pasillo y volvió la cabeza hacia ella, inclinándola ligeramente hacia abajo.

-¿Dónde está tu dormitorio?


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Mensaje por Anna. el Miér Jun 10, 2015 10:46 pm

Re: Donde las lágrimas son vida [Anna]

Mientras caminaban y tras el pequeño berrinche que hizo, una mueca se apoderó de sus labios y asintió rápida y enérgicamente a las preguntas que el contrario hacía.- Sip, sip, brillaba como si hubiese comido luciérnagas... ¿Las haz comido? Anna nunca ha podido atrapar a ninguna, pero es mejor así porque las luciérnagas son libres y si Anna las atrapa ya no lo serían.

En su cabeza, el mundo tenía sentido cuando las oraciones eran largas y complicadas. Sin embargo, no le gustaba que las oraciones de otras personas lo fueran, puesto a que no las entendía demasiado bien. Era un poco extraño, por no decir mucho, el comportamiento de la chiquilla. Aunque a ratos iba caminando dando saltitos, a momentos iba seria y relajada, casi sin expresión. El hecho de que el contrario le despeinara el cabello no le molestó, pero rápidamente abrazó sus coletas a su pecho con ambos brazos y trató de acomodar su pelo a como estaba, aunque antes de aquello tampoco estuviera demasiado peinado.

Las clases son para la gente que no sabe las cosas. Anna lee mucho y por eso sabe todo... Bueno, no todo, casi todo. Casi todo, porque aún no sabe muchas cosas, pero las cosas que no sabe no las sabrá por ir a clases.- Explicó, a su manera, la forma en que ella aprendía los temas que veían en clase sin ir realmente a ella. Prefería estudiar por su cuenta si tenía algún examen, y si el tema no le interesaba, simplemente se lo saltaba y lo dejaba. De cualquier modo, ya tan cercanos a la accademia, el bosque dejaba de aparecer alrededor de ellos.- ¡Llegamos, llegamos, llegamos! - Dio saltitos alrededor del contrario, tal como aquel conejo blanco había saltado por todo el bosque, con los pies juntos y en saltos pequeños.- Miiiiii dormitorio estáaaaaa... ¡En el edificio lluvia! Por que me toca ir en esa clase. Aunque quizás habría sido mejor que me pusieran en otra clase, pero creo que lo eligieron porque mis ojos son azules.- Se encogió de hombros y, ahora que ya sabía donde estaba, comenzó a dar saltitos de conejo en dirección al edificio donde estaba su dormitorio.- ¿Tú donde duermes? ¿En el bosque?
Anna.
Mensaje por Toshikazu Tanaka el Lun Jun 15, 2015 6:51 pm

Re: Donde las lágrimas son vida [Anna]

Con la respuesta de la joven supuso que sí era esa criatura, pero se quedó alucinado con las luciérnagas. Se imaginó a si mismo comiendo insectos y la verdad es que se le revolvieron las tripas. Sobretodo si revoloteaban en la boca antes de ser masticados o movían las patas al cogerlos con los dedos. Tanaka se llevó una mano a la boca, como ocultado una arcada salvaje que estaba fuera de lugar. Le dijo que tenía razón, que era mucho mejor dejarlas libres y disfrutar de su entorno sin molestarlas. Además le dijo que comérselas les haría mucho daño y que a ella seguro no le gustaría hacer de sufrir a esos pobres animalitos.

Tanaka suspiró, porque Anna tenía una gran parte de razón. Habían cosas que no te podían enseñar los libros, la mayoría de ellas, eran emociones y situaciones que calaban en el alma. Ningún tipo de lectura podía hacerte sentir tan mal como presenciar una masacre o el perder a la familia. Tampoco podías aprender a sobrevivir mediante la lectura, así que en cierta parte las clases eran una estupidez, salvo por las prácticas de magia y entrenamientos. Resopló dándole la razón moviendo la cabeza hacia ella, que joven más espabilada, aunque seguramente no hubiera hecho las mismas reflexiones que él.

-Es mejor aprender experiencias propias en vez de leer.- Le respondió, sonriendo. -No dudes en probar algo tú misma cuando tengas la ocasión.

Realmente pensó que se iba a dar con el suelo de bruces por saltar de esa manera. Era muy fácil perder el equilibrio con los pies juntos y las piernas flexionadas, al menos él no duraría ni tres saltos antes de caerse o bien de culo o de frente. Estaba por decirle que tuviera cuidado, pero no era su padre, tampoco era un cuidador de parque infantil. Al escuchar a dónde tenía que ir, hizo memoria para recordar en qué bloque se encontraba. Cuando se aclaró, empezó a andar por los pasillos que se dirigían hacia esa parte. Era un camino más o menos largo, pero dentro del edificio todo se hacía ameno.

-¿Yo? En el edificio número cinco. Puedes venir a visitarme cuando quieras.- Le dijo, por si acaso necesitaba algo de él alguna vez. -Puedes llamarme Tanaka.

Poco después de dio cuenta de que no debería haberle dicho eso. No era extraño en realidad, pero no era adecuado, puesto que supuestamente los alumnos no le pedían ayuda a los centinelas, precisamente. No obstante, Tanaka hacía algo más que patrullar y era resolver algunas disputas o ayudar simplemente a los que lo necesitaban, por ejemplo, con esas cosas sobre alcanzar algo, aprovechando que altura no era lo que le faltaba. Anna era muy bajita, así que seguro que alguna vez podía contar con él si quería subirse a sus hombros ¿En qué estaba pensando? ¡No podía hacer eso!

-Espero que nadie te moleste por la academia.

Recorrió unos pasillos relucientes y oscuros, salvo por algunos haces de luz que se filtraban por los ventanales. Los árboles que rodeaban la academia opacaban bastante la luz de la luna, pero siempre algún rayo blanco se escapaba y llegaba a reflejarse en el suelo. Abrió una puerta grande para luego seguir andando, al menos ya estaban en la parte correspondiente, solo faltaba encontrar los dormitorios de la clase lluvia.

-¿Izquierda o derecha...? ¿Sabes por dónde están?


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Mensaje por Anna. el Dom Jul 12, 2015 1:47 pm

Re: Donde las lágrimas son vida [Anna]

Es por eso que fui tras el conejo brillante... Quería sentir si su pelo era diferente que los de los conejos habituales, porque he tocado muchos conejos normales, pero nunca un conejo brillante.- Susurró, tratando de imaginarse cómo se sentiría la piel y pelo de aquel conejo que había visto. Lo más seguro era que se sintiera bastante... curioso.

Si pudieramos atraparlo, aprenderíamos si hay diferencia o no... Sería con fines educativos.- Justificó con una sonrisa, pues sabía bien que aquello nada tenía que ver con su educación en la academia.

Cuando escuchó el nombre del contrario y donde vivía, asintió efusivamente.- Tanaka en el edificio cinco. De acuerdo. Me gusta salir a las tres de la tarde, así que tal vez llegue ahí a las tres quince... No todos los días, claro... Quizás nunca, pero a las tres quince llegaría.- Dijo. La realidad era que Anna era una cría bastante rara, que solo se entendía a ella misma. Con una sonrisa, dejó en claro que las 3:15 era la hora a la que, si alguna vez llegaba, llegaría.

Por la academia nadie me molesta... Porque Anna no molesta a nadie. ¿Verdad que no? ¿Anna no te molesta, verdad? ¿Anna te está molestando? - Frenó en seco al pie de las escaleras, pues quería saber si en realidad aquel que le ayudaba la veía como tal cosa.

Cuando el contrario preguntaba por donde estaban los dormitorios, la chica lo sabía bien, pero se cruzó de brazos bajo el pecho y trató de arrugar el ceño, queriendo dar la impresión de ser mala y cruel para que contestara la pregunta anterior con sinceridad. No se iría de ahí hasta que acabara con las preguntas.- ¿Anna es mala?
Anna.
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