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Mensaje por Anna // Echo/Noise el Miér Feb 11, 2015 3:22 pm

Bienvenida a casa [Priv. Vicent]

Estaba agotada y magullada después de todo lo sucedido. Llevaba semanas vagando por lo llamado Caos alimentándose de lo que podía con suerte. Y luego “eso”. Conoces a Echo, quien fue expresamente enviada para recogerla y ponerla a salvo. Para su suerte no dijo ninguna mentira si no habría provocado una tormenta de fuego a su alrededor.  Aun así se negó a ir con ella a algo llamada cúpula y demás. Anna solo quería vagar y llorar la perdida por segunda vez de su familia hasta que la muerte se alzase sobre ella. No creía recordar un día de tranquilidad en esos áridos parajes. Por lo menos cuando bajo la protección de su hermano no tenía miedo a lo que fuese a pasar, él la protegía de todo… los protegía, a ella y a la nueva familia que se desplazaban por Caos cómo si de la antigua tierra se tratase. Todo era perfecto hasta que su mundo infantil lleno de rosas volvió a desmoronarse nuevamente. Primero un muerto, luego una batalla campal y por último el vago recuerdo de andar sin rumbo con los ojos anegados de lágrimas. Y ahora pretendían llevarla a una falsa calma, algo que tarde o temprano sabría que se desmoronaría como siempre.

Los nacidos en Caos  nunca se les podía tratar como unos niños ya que algunos, por no decir la mayoría, su vivencia los había dejado marcados. Aunque tampoco se les podía tratar como unos mini adultos. En el fondo seguían deseando tener esa infancia rasgada y hecha trizas.

Anna en ese momento solo era una cascara vacía que debía aceptar su perdida. Fue por eso que negó la ayuda de la chica. Nunca pudo imaginas lo que eso supondría. Así conoció a Noise, esa mujer cruel que compartía el mismo cuerpo que Echo. Esa misma voz pero de tonalidad diferente, de baja y monótona a fuerte y cortante desprendiendo palabras hirientes.

Lo que ocurrió en ese campo duró escasamente media hora. Un tira y afloja entre los cordeles de Noise y las llamas de Anna. El resultado se vio dado en cuento esta última cayó al suelo agotada por la desnutrición y el uso de sus poderes sin control. Echo volvió a recuperar su propio control sobre el cuerpo y recogió a la niña para llevarla a la estación Italia.

Anna apenas era capaz de reaccionar entre el agotamiento y todas las revisiones antes de que al fin los médicos la dejasen ir para atender a los demás rescatados. La que velaba por ella era ahora Echo. No entendió nada de lo que pasó a continuación, había demasiada gente a su alrededor y ella se sentía más acostumbrada a la soledad. Acabó medio sedada y sin saber bien que es lo que lo habló con los agentes. Simplemente dormitó mientras la pequeña Echo la cargó a la espalda para llevarla a su nueva casa.  

Nunca había visto un bosque tan bello y rebosante de vida que no significase por ende que su vida peligrase por su misma existencia. Aunque eso todavía no lo sabía. Solo sentía que era llevada y que su cuerpo le dolía del agotamiento. Aun así consiguió las fuerzas suficientes como para empujar con la escasa fuerza que tenía y aprovechar el momento para tirarse al suelo. La intención era simple, caer y salir a correr. Más la albina logró agarrar una de las pequeñas de la niña evitando que acabase en el suelo de cabeza. Tiró de ella hasta ponerla en pie y limpió un poco el largo pelo de Anna quitando hojitas que se habían enredado durante el camino.

--El amo Vicent le espera—tiró de ella hasta pasar un roble y le señala una casa un poco camuflada entre los árboles--. Vamos, te están esperando.

No llegó a esperar respuesta ninguna solo la llevó arrastras hasta subir los escalones y abrir la puerta poniendo delante a la niña al frente. Abrió la puerta y le die un pequeño empujón.

--Vicent sama, Anna está aquí.
Anna // Echo/Noise
Mensaje por Vincent Nightray el Miér Mayo 20, 2015 7:36 am

Re: Bienvenida a casa [Priv. Vicent]

Por alguna razón que ni él mismo conocía, había pasado varios días prácticamente encerrado en su casa, viendo de tanto en tanto cómo su hermano entraba, hacía cualquier cosa y salía. A excepción de la noche, claro, pues acostumbraban a dormir juntos pese a que Vincent a veces mostrase unas intenciones un tanto anormales, aunque de hecho totalmente comunes en él. Salía para ir a la biblioteca, sí, pero para cumplir con su trabajo. De todos modos, no siempre lo hacía tanto como se suponía que debiera hacerlo. De todos modos, la cúpula ofrecía lo mismo independientemente de cómo se actuase, por lo que había descubierto, a excepción de ciertos actos que eran tachados  de traición y llevaban a ser renegado. Y, de hecho, las personas que habían pasado por eso eran las que menos confianza le inspiraban. Tenía por seguro que algo tendrían que haber hecho para ser expulsados de tal manera, y además algo grande. Matar a un guardia frente a tres más y terminar siendo retenido por los dos únicos supervivientes finales, o algo así. La culpa era de ellos, por no saber esconderse al hacer lo indebido. No se relacionaría con alguien sólo para poner su vida en riesgo, y menos con un traidor. ¡Odiaba a los traidores! Lo irónico era que él no se alejaba tanto de ellos, e incluso no era especialmente difícil lograr que lo admitiese.

Se encontraba allí, en su casa, leyendo con tranquilidad, totalmente a solas. Sólo lo acompañaban tres o cuatro conejos de peluche desmembrados, un par a sus lados, algunos fragmentos indefinidos a su alrededor y el último casi entero justo delante de él, apuñalado por unas tijeras en el estómago. Nada fuera de lo habitual. Momentos antes había decidido descargar su rabia en algo y para su suerte había localizado a los muñecos antes de pensar siquiera en un cambio de estrategia. Para su suerte y la de su hermano, que seguramente sería el que terminaría arreglándolo todo, incluyendo los descuartizados conejitos, que cada vez quedaban más recosidos.

No abandonó la atención que tenía centrada en aquella terrorífica pero a la vez tierna novela hasta que oyó una voz familiar. Sonriendo como un niño pequeño al recibir una bolsa llena de sus dulces favoritos, se levantó rápidamente, indicó la página por la que iba en el libro con un trozo de papel y lo dejó sobre el sillón en el que se encontraba él hasta entonces y desde hacía ya unas horas. Estaba a sólo veintitrés páginas de conocer el final de aquella extensa historia, así que esperaba no entretenerse mucho en comprobar si se había dejado la puerta abierta y el viento había hecho de las suyas o si había sido interrumpido por alguien y por qué.

Nada más llegar a la puerta, sus intenciones fueron modificadas de forma drástica. Una pequeña niña albina de aspecto inocente aunque demacrado pedía a gritos recibir algún tipo de atención beneficiosa, ya fuese en forma de alimento o un simple baño para empezar.
Se acercó delante de ella hasta quedar a apenas unos centímetros y se agachó para al menos aproximarse a su bajísima estatura. No pasaba del metro y cuarto, por lo que a su lado se veía realmente enana. Le dedicó la más tierna de sus sonrisas, intentando calmarla, pues dudaba que alguien en ese estado pudiese encontrarse lo que se dice "bien".

- Bienvenida, Anna. - Se sintió tentado de mostrarle afecto a través del contacto físico, pero antes de cumplir con la idea o de aclararla al menos se lo replanteó; sólo serviría para asustarla, y no creía que fuese a conseguir que se fiase más de él por ello, sino al contrario. - Dime, ¿tienes hambre? - Estaba bastante seguro de que sí, pero preguntó de todos modos para asegurarse. - Puedo prepararte algo mientras tomas un baño. - Le ofreció en un tono suave. No parecía llevar segundas intenciones. - ¿Podrás hacerlo sola? - Su mirada se volvió hacia la otra chica. - Si no puede, ¿la ayudarás? - El tono empleado daba la opción de negarse. - Lo harás. - Esa vez no dio lugar a dudas. Le había dado una orden. - Cuando estés mejor, daremos una vuelta por la casa para que sepas dónde está cada cosa. ¿Te parece bien? - Le ofreció a la niña, dirigiéndose directamente a ella de nuevo y brindándole toda su atención momentáneamente.

Se levantó de nuevo y observó a ambas chicas durante unos instantes. Echo era mucho más alta que Anna y sin duda estaba en un mejor estado. Además lo obedecería incluso si se estuviese muriendo, así que tampoco se fijó demasiado en si de verdad estaba tan bien como se lo había parecido a simple vista.

- Si no puede caminar sola o le cuesta, llévala en brazos. - Le pidió, o más bien ordenó una vez más, preocupándose raramente por alguien que no fuese él ni su hermano. Al fin y al cabo, Anna también sería Nightray, y como miembro de la familia tendría que cuidarla bien. Sobre Echo y Noise... Ellas eran un caso aparte.

Esperaría a la respuesta de la pequeña para saber su opinión antes de proseguir, aunque en el caso de que no le respondiera se dedicaría a cumplir con lo ya dicho pese a no poseer su aprobación.
Vincent Nightray

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